Mujeres de fe que caminaron de la mano de Dios fueron mujeres que marcarón la diferencia .
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lunes, 27 de abril de 2015
Miriam , Debora , Hulda , Noadias
¿Alguna Profetisa Se Convirtió En una Sacerdotisa?
#3) "Si Dios puede usar a Miriam, Débora, Hulda, Noadías, Ana, las hijas vírgenes de Felipe, y a Febe para profetizar y convertirse en sacerdotisas de la Ley, cualquier mujer puede Predicar en el Nuevo Testamento."
Las fechas aproximadas en las que vivieron las anteriores mujeres, según mi Biblia Thompson Chain, son como sigue: Miriam 1491 a.C.; Débora 1296 a.C.; Hulda 641 a.C.; Noadías 446 a.C.; Ana 5 a.C.; Febe 57 d.C.; las hijas vírgenes de Felipe 62 d.C. Las examinaremos una por una y determinaremos si la anterior proposición es verdadera.
Miriam
El nombre de Miriam es idéntico a los nombres modernos de Maria y Mariana. Miriam era quizá 15 a 20 años mayor que sus hermanos Moisés y Aarón. Ella fue una muchacha piadosa aunque cometió un par de errores. Los registros antiguos indican que ella era la esposa de Hur, uno de los hombres robustos de Israel que ayudó a Aarón a sostener los brazos de Moisés durante la batalla contra Amalec (Éx. 17:10-12). Teniendo en cuenta los 80 años, antes que Moisés fuese enviado por Dios en la misión Divina de acabar la esclavitud de los Judíos, Miriam debía haber tenido casi 100 años cuando cruzó el Mar Rojo. Una anciana y hermosa mujer vigorosa, ella dirigió su cara hacia el oleaje que golpeaba y alabó a Dios. Moisés escribió una balada que es reportada en Apocalipsis 15:3. Miriam aprendió la canción y reunió a las mujeres de Israel para una celebración de victoria.
Con un pandero ella empezó a guiar a las mujeres en el canto. Las mujeres pronto aprendieron un verso de la canción y se formó el primer coro en la tierra. Durante este canto, danza espiritual, y el vibrar de sus panderetas, Miriam fue dotada con el don de Profecía. No sabemos qué señal indicó su don de profecía. Sabemos que su don vino sobre ella sólo después que Moisés volvió a casa de la espalda del desierto. Desde el tiempo del regreso de Moisés a la formación del nuevo coro, pasó quizá menos de un año, tomando en cuenta las plagas y el tiempo natural del año en que éstas probablemente habrían sucedido. El verano pasó al invierno, luego vino la primavera y la gran Pascua. Nisán o Marzo establece el tiempo aproximado cuando Miriam fue dotada con su primera experiencia del Espíritu de Dios. Ya que todos en Moisés fueron BAUTIZADOS en la nube y el mar (1Co. 10:2) éste es probablemente el momento de muchos en Israel siendo llenos con el Espíritu de Dios, y la recepción de Miriam del don de profecía:
EZ. 39:29 Ni esconderé mas de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice el Señor DIOS.
JL. 2:28 Y después de esto derramaré de mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñaran sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
Aunque Miriam era una admirable mujer de 100 años; Aunque ella fue llena con el Espíritu del Mesías; Aunque ella fue llamada profetisa; Sin embargo, ni una vez ella fue siquiera numerada con los 70 líderes de Israel. Ni una vez ella fue numerada entre el Sacerdocio. Ni una sola vez ella estuvo en el Monte sagrado con Moisés. Ella no fue privilegiada en compartir con Aarón cualquier igualdad de Ministerio concerniente al Tabernáculo. Ni una vez a ella se le permitió entrar en el compuesto del Tabernáculo para actuar como una sacerdotisa. A ella nunca se le permitió asistir a Moisés o Aarón en el altar de sacrificio. No había vestidos santos diseñados o hechos para mujeres sacerdotisas. No hay registro en absoluto que a Miriam siquiera le fue permitido considerarse una mujer sacerdotisa, por virtud de su don de profecía.
Sabemos que ella no era un portavoz de Dios o Moisés para el pueblo de Israel. Su don de profecía era estrictamente regulado fuera del Tabernáculo, y aparentemente sólo en la presencia de otras mujeres. La boca de Miriam nunca fue usada por Dios para predicar la Ley o las Ordenanzas: para convertir, educar, instruir, o aconsejar a ninguno de los hombres de Israel. Su don de profecía no fue una excusa para usurpar autoridad sobre el Tabernáculo. Por consiguiente, en el Nuevo Testamento, ninguno de aquellos que ejercen los dones puede usurpar la autoridad fuera del Pastor u otro miembro del Ministerio de Cinco Partes. Si uno de éstos Ministros del Nuevo Testamento, observa a una usuaria del don usurpar autoridad e intentar predicar, él tiene la autoridad para detenerla en seguida, sin cualquier interferencia o retaliación del Cielo.
Miriam aparentemente pecó penosamente con Aarón y el resto de Israel en el asunto del becerro de oro y el libertinaje sexual asociado con esta masiva orgía. El hecho que Dios iba a matarlos a todos, y que Miriam no levantó objeciones a estos pecados, es evidente. No había duda porque él sabía que su hermana y hermano se habían hundido bajo la presión de otros líderes liberales poderosos e influyentes, que Moisés le pidió a Dios que tuviera misericordia. Lo que estamos viendo hoy en muchos grupos, que protegen mujeres predicadoras y otros liberales que caen, es un hundimiento similar de Pastores que buscan la aprobación y comunión de los influyentes corredores de poder, en lugar de representar la Verdad.
Dado que el peso del Sacerdocio del Antiguo Testamento y lo que el Tabernáculo establece eran tipos y sombras de la Iglesia del Nuevo Testamento y el Ministerio de Cinco Partes, sería muy simple reconocer que ninguna mujer puede retener una posición de autoridad y poder como un Ministro o Predicador. Por lo tanto, lo que fue omitido de la sombra, es omitido por necesidad de la imagen de la Iglesia que aleja la sombra. Ninguna mujer sacerdotisa en el Antiguo Testamento es ciertamente una tremenda prueba de ninguna mujer predicadora en el Nuevo Testamento. Miriam por lo tanto nunca fue una sacerdotisa y nunca exigió o anticipó que su don de profecía era ordenación automática en el Sacerdocio del Antiguo Testamento. Usar a Miriam entonces, para apoyar cualquier idea o prueba que una mujer tiene derecho para predicar el Evangelio, administrar autoridad, y ejercer gobierno sobre los santos de Dios en una Iglesia Apostólica, es falsedad. Tales no son verdaderas Mujeres Apostólicas. ¡A lo mejor, ellas son descendientes Pentecostales, que adoptaron la ordenación de una mujer en 1853, que ayudó al nacimiento del movimiento llamado AHORA en pro de la lesbiana!
Débora
Débora mantuvo una posición civil como Juez en Israel (Jueces 4:4). Esta es la primera incidencia encontrada en la Biblia donde una mujer encontró un lugar para usar sus talentos fuera del Sacerdocio y del Tabernáculo. Así, Débora no tuvo nada que ver con ninguna parte del Tabernáculo o el Sacerdocio.
Débora, como Miriam, dio una recordada profecía cuando ella cantó la balada de victoria con Barac. Ella se sentaba bajo la palmera fuera de su casa y resolvía los problemas del pueblo y daba consejo. Ella no predicó en su oficio civil como juez. Ella identificó su trabajo como una "MADRE" en Israel, no como un predicadora o sacerdotisa (Jueces 5:7).
Débora se fue a la guerra con Barac y permaneció en el Monte Tabor mientras él luchaba con los Israelitas, en el valle debajo, contra Sísara. En el undécimo capítulo de Hebreos, Débora es completamente omitida de entre aquellos identificados como los héroes de la fe, porque parece que ella falló en continuar viviendo para Dios y cayó. Barac es el único identificado en este capítulo por tener fe .... no Débora. Quizá este es el por qué tantas mujeres que usan a Débora como una de sus pruebas y autoridad para afirmar ordenación, caen. Si en realidad Débora cayó, lo más probable es que se reprobara exaltando su oficio civil sobre la autoridad del Tabernáculo, negándose a ser gobernada por el exclusivo Sacerdocio masculino. ¿Murió Débora perdida, ya que su nombre es omitido intencionalmente en el registro Hebreo de la fe? Según las Escrituras, en los cuarenta años que ella juzgó a Israel después de la derrota de Sísara, la nación entró y disfrutó un largo tiempo de pecado, maldad, y decadencia. Dos cosas son evidentes. Primero, la voz de Débora como juez fue silenciosa para impedir, reprender, o detener la decadencia. Segundo, ella no tuvo influencia en la espiritualidad de Israel sobre su término restante, indicando que una vez la guerra hubo terminado, ella se gozó su posición como Juez para la exclusión de todos los demás.
El uso de Débora para probar ordenación de una mujer, como sacerdotisa del Tabernáculo, o en un usurpado oficio de Apóstol, Predicador, Anciano, u Obispo del Nuevo Testamento, es carente de sentido común y honestidad Bíblica. Muchas que se han hundido en el movimiento de derechos de las mujeres lesbianas, y en sus demandas de igualdad con los hombres, han hecho del don de profecía igual a la ordenación de mujeres como sacerdotisas, Apóstoles, Ancianos, Obispos y Predicadoras. Cuando el movimiento de lesbianas ganó poder después de su unificación en 1848, ellas contribuyeron a alterar la palabra "profetisa" de tener el significado de una mujer dotada para predecir, para identificar su talento como igual al del llamamiento de un Profeta. El Diccionario de Webster y otros libros de referencia dan a la palabra "Profetisa" el significado de "mujer profeta." Este cambio tuvo el efecto deseado de hacer a las mujeres iguales a los hombres. Esta corrección política ha encontrado suficientes de los mal llamados Apostólicos que estuvieron listos para aceptarlo. Estos chicos y chicas Jezabel han hecho del Diccionario de Webster una ungida e inspirada P.D. para la Palabra de Dios. Las mujeres predicadoras son rápidas ahora para correr al Diccionario de Webster, para recordarnos de cuán santa y verdadera es la asignada interpretación lesbiana. ¿Me supongo que ellas también piensan que la "santa" trinidad explicada en Webster, también es una ungida e inspirada P.D. para la Palabra de Dios?
Éste es otro ejemplo de como los chicos y chicas Jezabel intentan probar su argumento fuera de la inspirada Palabra de Dios y Revelación Bíblica. Ellos presumen que el don de profecía es autoridad automática para hablar por Dios como un Ministro. Ellos nunca se toman el tiempo para responder por qué Dios prohibió a las mujeres el derecho para edificar altares y ofrecer sacrificios antes de la era de la Ley. Ellos nunca contestan por qué Dios prohibió a las mujeres ser sacerdotisas bajo la Ley. Ellos nunca explican por qué Dios no inspiró a una mujer para escribir un sólo libro de la Biblia. Ellos nunca producen una sola Escritura que haga a una profetisa tener unción automática para asistir en el Tabernáculo. ¡Ellos nunca señalan una sola Mujer Apóstol! ¡En los enteros 4,000 años del Antiguo Testamento, no hay una sola evidencia de mujeres en autoridad en asuntos Espirituales de redención y salvación!
Débora se destaca más como un ejemplo de muchas mujeres que caminaron con Dios, que fueron usadas por Dios, pero cayeron. Si el registro de Débora tiene algo que decir a las mujeres, es permanecer fuera de posiciones civiles y roles de autoridad. Estos empleos pueden llevar a usurpar una actitud mental de igualdad con los Hombres de Dios, y puede llevar a la pérdida del alma de alguna. Un segundo mensaje de igual importancia, es que las mujeres deben buscar un espíritu maternal y ser buenas en establecer disputas, en lugar de siempre ser la única en el medio de un jaleo y causar problemas innecesarios en la Iglesia. Tercero, permanecer cerca del Hombre de Dios, él más probablemente es el que tendrá su nombre enrollado entre los héroes de la fe. Animarlo, permanecer con él, cantar con él, y apoyarlo, cuando él luche con los enemigos de Dios para preservar un asilo seguro para el pueblo de Dios.
Débora se fue a la guerra con Barac, no al Tabernáculo para usurpar un trabajo como sacerdotisa. El Antiguo Testamento es aquí un maravilloso ayo para todas las Mujeres Apostólicas. Busque el don de profecía. Sea usada por Dios. Pero permanezca fuera de la administración y autoridad del Ministerio de Jesús Mesías. En su búsqueda por la Mujer Apostólica, no admire o de gloria a mujeres que han caído y luego afirman ser llamadas para predicar. Una verdadera Mujer Apostólica nunca caerá. Si las pruebas y tentaciones vienen, ella envolverá su alma alrededor del altar, y buscará la fuerza para otra milla. Ella no tomará la predicación para igualarse con mujeres u hombres ella percibe la necesidad de un regaño.
Hulda
Hulda vivió aproximadamente 655 años después de Débora. No hubo registro de supuestas "mujeres sacerdotisas" por casi 20 generaciones. ¿Podría ser que una mujer que tiene el don de profecía fuese casi una cosa desconocida? En este caso, casi 20 generaciones y muchos cientos de miles, quizá millones de personas, nunca oyeron, vieron, o conocieron de mujeres que tuvieran el don de profecía y afirmaran ser predicador.
El don de Hulda no le permitió automáticamente convertirse en una sacerdotisa en el Tabernáculo. El registro concerniente a Hulda revela que su don de profecía era usado fuera del Tabernáculo y autoridad administrativa del Sacerdocio. De hecho, ella como Débora, no creía que su don la calificaba en el Sacerdocio. Así que ella, como Débora, nunca fue al Tabernáculo para exigir asignación a los deberes o para recibir la unción y ordenación en el Ministerio.
¿Por qué es, que aquellos que usan a Hulda como ejemplo para probar mujeres sacerdotisas y predicadoras, no admitirán esto? Ella no fue al Tabernáculo y demandó aceptación y reconocimiento como sacerdotisa basada en su don de profecía. El uso de esta mujer Piadosa no prueba el argumento para mujeres sacerdotisas y predicadoras en absoluto. En lugar de usar a Hulda para probar que las mujeres pueden tener el don de profecía, separado del Ministerio del Nuevo Testamento, los chicos y chicas Jezabel arrebatan la Palabra de Dios para hacer a Hulda igual a un Sacerdote, Apóstol, Anciano, Obispo, y Predicador. Esto es falsedad. ¿Si Hulda no exigió la ordenación de Sacerdocio o como un Predicador, es honesto que un hombre o mujer entre nuestras Iglesias actuales pretender hacerlo vanidosamente por ella, 2,600 años después de su muerte?
Muchas Mujeres Apostólicas me han dicho que es muy vergonzoso y condescendiente para mujeres predicadoras señorear sobre sus maridos. ¿Ellas están confundidas en cómo una mujer con un don puede afirmar ordenación como un predicador, mientras otras mujeres con distintos dones del mismo Espíritu no tienen derecho a la ordenación como predicadoras? La pregunta aquí es, ¿por qué un don puede calificar a una mujer para predicar, pero los demás no? Los chicos y chicas Jezabel se rehúsan a responder estas preguntas.
Hulda profetizó una vez en su vida según las Escrituras. ¿Qué mujer predicadora que usa a Hulda como parte de sus credenciales para ordenación, se satisface en predicar una vez? ¡Ninguna de ellas! ¡La realidad es, que Hulda profetizó, no predicó! Ella no desfiló de arriba abajo en una plataforma, o chasqueo la cola de su falda de arriba abajo en una Iglesia, caminando como un hombre detrás de un arado, gritando su odio por los hombres que no creen en las mujeres predicadoras.
Yo estuve en una reunión semejante. Una mujer se levantó y pasó por la prueba de la asna del derecho de una mujer para predicar. Ella incluso sugirió que la ballena que Dios usó para tragarse a Jonás era hembra. De hecho si la ballena era hembra, quizá ella necesitaba una lección así tanto como Jonás. Ella por tener una boca grande, y Jonás por ser rebelde. Ella no habría tenido tres días de severa indigestión de estómago si hubiese mantenido su boca cerrada y simplemente hubiese dejado de buscar cualquier basura de la superficie para satisfacer su profunda hambre. Muchas mujeres tienen el mismo problema. Ellas poseen bocas grandes. Ellas siempre están mirando fuera del ambiente normal de la Iglesia por alguna cosa falsa fuera de la voluntad de Dios para alimentarse. La ballena hembra.... muy cómico.
Entonces esta mujer predicadora dijo: "si Dios puede usar un gallo para predicarle a Pedro, él puede usar a una mujer para predicar a cualquiera." ¡Mujeres y hombres saltaron y danzaron en las islas, vociferando, exclamando, y gritando aleluya! Cuando se tranquilizó por unos segundos, no pude resistirme y grite, "¡AGRADEZCO A DIOS QUE NO FUE UNA GALLINA!" Hubo un rugido de risa. Un antiguo granjero habló, "en la granja, matamos a las gallinas que intentan bravearse." Más risa. Enrojecida, enfurecida que alguien se atreviera a interrumpirla y colocar su falsedad en perspectiva, ella realmente nos dio lo que sentía era un buen mordaz. Ella usó toda clase de odiosos denigrantes que pudo, y casi usó la profanidad.
¿Usted cree que las mujeres predicadoras son humildes? Ellas todas usan la falsa humildad. Bajo el cabello Pentecostal, la feminidad, el perfume, la dulce sonrisa, y el establecer la vergüenza, hay un espíritu oculto. Dígale directamente que usted cree que ella ha usurpado un Ministerio al cual no tiene derecho, y se convertirá en una bruja. Cuestione su derecho para predicar sin una calificación del Nuevo Testamento, y tendrá grandes problemas. No la honre cuando usted honra a otros Ministros y Predicadores y tendrá un enemigo de por vida. No la invite a la plataforma con otros Pastores y Predicadores, y tendrá una trama de Jezabel que volverá a su marido contra usted. Predique contra las mujeres predicadoras y tendrá a una diabla. En nuestra búsqueda por la Mujer Apostólica, debemos tener cuidado con las diablesas. Una mujer que no tiene control sobre su espíritu, que no se sujeta a su marido o al exclusivo Ministerio masculino de Jesús Mesías, no es una verdadera Mujer Apostólica.
Es muy probable que Pablo aludiera a Hulda y otras mujeres del Antiguo Testamento, cuando él ordeno que aprendiesen algunas cosas en el hogar. El Pastor le enseñará mientras esté en la Iglesia sobre asuntos Espirituales. Es el lugar de su marido enseñarle en casa sobre asuntos familiares. La Iglesia no es el lugar para que una mujer descargue sus quejas y preguntas sobre asuntos que conciernen a su marido. Si ella aprenderá, entonces que aprenda estas cosas en casa.
Es bastante obvio que muchas utilizan individuos Bíblicos con el don de profecía como su autoridad para predicar. Pero ha sido mi experiencia que mujeres que afirman ser predicadoras, no poseen el don de profecía en absoluto. Una vez mi declaración aquí es circulada ampliamente, las mujeres subirán intentando convocar a las personas y profetizar en un esfuerzo para probarme equivocado. ¡Aun así ellas no estarán predicando! Yo nunca me he encontrado a una mujer que tuviese el don de profecía en casi 44 años en la Iglesia Apostólica y casi 24 años de mi Ministerio. La mayoría utiliza el don de interpretación de lenguas y piensa que éste lo sustituirá. Además, no he conocido a ninguna mujer predicadora desde mi niñez que sólo profetizara. El 100 por ciento de su predicación no es profecía realmente. ¿Así que bajo qué don están ellas calificadas para predicar si no poseen el don de profecía? La declaración que una mujer puede predicar, y no necesita el don de profecía, hace que TODOS sus argumentos se caigan de pleno a la tierra. ¡Ellas no son profetisas, si no poseen el don de profecía! Así que predicar, como ellas lo describen, no tiene relación al don de profecía o al Llamamiento de un Ministro del Nuevo Testamento.
Como buenas Protestantes y Evangélicas, muchas correrán a un predicador trinitario cuya Iglesia o denominación no crea en el Ministerio de Cinco Partes, o que el Espíritu Santo y dones todavía están en la Iglesia hoy. Ellas adoptarán las teorías de estos hombres escritas en libros. Las doctrinas de estas hijas rameras, afirman que los dones y el Ministerio de Cinco Partes cesaron cuando el último Apóstol murió. Estos hombres y mujeres no llenos del Espíritu, entonces hacen del don de profecía y el oficio de profeta, igual al de uno de sus predicadores de escuela especializados. De allí, uno de sus predicadores también es idéntico a Profeta o al don de profecía. Se hace que la palabra profecía signifique "un expresivo contundente" y no "presagiador." Ellos niegan que la profecía sea un don Dios para predecir un evento futuro o que sucede. Para juzgar a un Profeta, uno tiene sólo que ver si lo que él predice sucede (Dt. 18:22):
Si el profeta hablare en el nombre del SEÑOR, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que el SEÑOR no ha hablado; con presunción la hablo el tal profeta; no tengas temor de él.
Llamar a un Predicador Protestante un Profeta, que no predice por el Llamamiento de Profeta o uso del don de profecía, es por lo tanto una falsedad. Ésta es una doctrina de la hija ramera. No se encuentra en ningún lugar en la Biblia. Muchos han caído por una falsedad revisada. Ellos llaman profecía el predicar, porque no poseen un Profeta o el don de profecía en sus Iglesias. Los Pentecostales adoptaron esta doctrina errónea y por eso pudieron afirmar que una mujer predicando estaba profetizando. Ellos invirtieron la interpretación, es decir, Iglesia del Mesías: profetizar es predicar; grupos de mujeres predicadoras: predicar es profetizar. Ambas son falsas porque profetizar es predecir. ¡Si el elemento de la "predicción" está ausente no puede ser profecía!
Aparte de la santidad normal y criterio Apostólico, no hay manera de juzgar un profeta o profetisa excepto por la prueba del "aconteciere" en el texto de Deuteronomio. El don de profecía y el Llamamiento de Profeta, no puede ser juzgado examinando palabras no proféticas, que ellos llaman predicación. Si una persona nunca profetiza o nunca usa el don de profecía, nunca podemos juzgarlos como Profetas o que poseen el don de profecía. Mujeres que predican como profetización es una inteligente falsedad.
Habiendo convertido profecía en predicación por una traviesa manipulación, este error es extrapolado rápidamente a la profecía de Joel 2:28. Los chicos y chicas Jezabel sienten que ahora poseen una escopeta de doble cañón para dar fuerza al derecho de las mujeres para predicar detrás del púlpito:
"Y después de esto derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones."
¿Profetizar en este verso quiere decir predicar? ¿Cometió un error el Espíritu Santo o Joel escribió errado? ¿Realmente Dios dijo: "VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS PREDICARAN?" ¿Joel 2:28, el "ESTO ES LO" del mensaje de Pentecostés de Pedro, quiere decir que los jóvenes y las jóvenes iban a predicar? ¿Esto es lo que Pedro señaló y los miles congregados alrededor vieron y oyeron? ¿Predicó una sola mujer antes o después de Pedro aquel día? ¡Si ellas no lo hicieron, entonces Joel 2:28 no sucedió y Pedro mintió! O la palabra profetizar en el texto de Joel no quiere decir predicar. ¡Ésta quiere decir que ellos estaban hablando en lenguas en otro idioma, prediciendo y alabando a Dios! ¿Cuál es válida?
Es desviado tomar una falsa interpretación de Joel 2:28 e ir hacia atrás interpolar esto a Hulda y a otras mujeres y hacer de su don profecía predicación. Hulda no se convirtió en sacerdotisa en la casa de Dios y predicó. Cualquier mujer que anhela los dones Espirituales debe seguir el ejemplo de Hulda y permanecer fuera del Ministerio de Dios. El don de profecía no tiene más derecho para marchar de arriba abajo en la Iglesia y usurpar control sobre el Ministerio que cualquier otro don actual.
Hulda no usó su don de profecía para empequeñecer a su marido con un dominante, masculino, o espíritu brashy de boca fuerte. Ella profetizó. Ella predijo. Ninguna mujer que usa a esta Hermana Piadosa como una prueba de ordenación, tiene derecho para hacerlo así. Hulda nunca fue vez alguna al Tabernáculo para exigir del Sacerdote, igualdad de Ministerio, debido a su don de profecía.
Después de Hulda, serán casi 195 años antes que los chicos y chicas Jezabel puedan encontrar otra mujer profetisa para usarla como una prueba para mujeres predicadoras en el Nuevo Testamento. Así lejos, ninguna mujer se ha convertido en sacerdotisa en el Tabernáculo. Ninguna mujer escribió un libro de la Biblia. Ninguna mujer edificó un altar. Ninguna mujer ofreció su propio sacrificio. En nuestra búsqueda por la Mujer Apostólica, no miremos y respetemos a aquellas mujeres que afirman autoridad para predicar, sino honremos y estimemos a aquellas que poseen los dones del Espíritu, y los usan bajo la autoridad directa del Pastor, abajo fuera del púlpito.
Noadías
He catalogado a Noadías la profetisa del montón de perros. Esta mujer viene a nosotros en Nehemías 6:14:
"Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas cosas que hicieron; también acuérdate de Noadías profetisa, y de los otros profetas que procuraban infundirme miedo."
He oído largas horas de diatribas de cuán grande y santa fue Noadías. Ella es alabada a los altos cielos por mujeres predicadoras como una de sus heroínas principales. Su nombre es profundamente estampado en las frentes de estas mujeres, como si éste fuese el sello de Dios. ¿Fue ella una verdadera profetisa de Dios? ¡Absolutamente no! Noadías era una diabla. Ella era una mentirosa de parecer igual a santidad. Ella era tan astuta como la misma serpiente antigua. Ella era una Judía que confederó con Tobías, Sanbalat, y otros falsos profetas. Ella era doble cara. Con una cara parecía una amiga para Nehemías, y en secreto se reía y era cohorte con los diablos Gentiles. Ella era una traidora. ¡SORPRESA CHICAS!
Nehemías no gustaba de Noadías. Él vio a través de su falsa humildad. Él la discernió como una hipócrita (falsa cara). Él oró para que Dios requiriera de ella según las reglas del juicio Divino. Lo que él quería que Dios hiciera a Tobías y Sanbalat, él ora sobre Noadías. Ella era un cuerpo ocupado. Ella quiso que su cara y opinión estuviera contra Nehemías, así que se unió a los rebeldes. Cuando ellos se agruparon en el estilo del montón de perros de Nehemías, Noadías saltó también. Éste es el típico síndrome del "montón de perros" que siguen las mujeres predicadoras. Se encuentran un hombre de Dios que se atreve a estar de pie contra las mujeres predicadoras, y unos pocos manicurados, ladridos, regazos de perros masculinos Pentecostales, castrados, se amontonarán. Si una mujer predicadora está en cualquier parte cerca, ella también amontona perros.
Ella añadió su peso de desaliento contra este Hombre de Dios. Ella reveló su verdadero espíritu obstruyéndolo. Abiertamente era amable a su cara, pero a su espalda era su enemiga. Ella era una colaboradora con los Gentiles, Tobías y Sanbalat.
La prueba de Noadías habría sido su apoyo total y completo a Nehemías. Miriam apoyó a Moisés. Débora apoyó a Barac. Hulda apoyó a Hilcías. ¡Pero éste no es el caso de Noadías! Ella estaba contra Nehemías. Aquellos que la tienen como profetisa de Dios, tendrían a Dios en variación consigo mismo en la reconstrucción de Jerusalén y el Templo. Noadías no quería el templo reconstruido, así como muchas mujeres predicadoras que no quieren la verdadera doctrina de la Iglesia Apostólica restaurada en su Iglesia. El resultado es, que toda la falsedad es expuesta, y las mujeres habrán perdido la oportunidad de continuar su engaño a través de un público cautivo.
Aquí, yo uno mis brazos con Nehemías, e invocó a Dios para que recuerde y se vengue de todas aquellas mujeres predicadoras, que han descorazonado a hombres de Dios, luchando contra ellos, porque los Hombres de Dios permanecieron en pie contra la rebelión femenina. Oro a Dios que trate con estos insolentes espíritus con misericordia. Si ellas no se arrepienten, entonces que la maldición de Jezabel venga sobre su casa y sus hijos. Cuando busquemos la Mujer Apostólica, tengamos cuidado de mujeres predicadoras que amontonan perros a un Hombre de Dios, cuando él intenta restaurar la Fe Apostólica y la autoridad del Ministerio de Cinco Partes del Nuevo Testamento. Ellas amontonan perros con sus falsas profecías, para esconder su verdadera identidad de falsas profetisas. No habrá mujeres predicadoras entre el grupo final de Iglesias Apostólicas perfeccionadas. La verdadera Mujer Apostólica apoyará honorablemente a los Ministros que desean la gloria de Dios en la Iglesia Apostólica que fue diseñada para cada hombre y mujer en sus respectivos lugares.
Ahora saltaremos aproximadamente 442 años y 13 generaciones, a la próxima mujer profetisa, que los chicos y chicas Jezabel usan en su esfuerzo por robar una licencia para que las mujeres prediquen.
En la caja debajo, escriba los nombres de todas las mujeres de Dios en el Antiguo Testamento que edificaron un altar y sacrificaron sobre éste. Escriba todos los nombres de las mujeres sacerdotisas que Dios ordenó en el Antiguo Testamento. Escriba los nombres de los libros del Antiguo Testamento que fueron escritos por mujeres. Escriba el nombre de cada mujer que compartió los deberes Sacerdotales de su marido en el Tabernáculo o Templo. Escriba el texto dónde Miriam, Débora, Hulda, o Noadías recibieron la unción del Sacerdocio como una igual ordenación a la de los hombres. Escriba el texto dónde la esposa de un Sumo Sacerdote lo ayudó a realizar sus deberes oficiales del Tabernáculo. Escriba el texto dónde cualquier mujer actuando como sacerdotisa dedicó niños. Escriba el texto dónde cualquiera pagó los diezmos a una mujer sacerdote por su servicio en el Tabernáculo. Escriba la Escritura dónde Sara ayudó a Abraham en alguno de sus altares. Escriba la Escritura dónde Dios abolió la maldición de la maternidad de las mujeres. Escriba el texto que prueba que la maldición de estar bajo el gobierno y autoridad del hombre fue abolida en el Calvario. No olvide pedir a otros que la ayuden. Si todo lo anterior es verdad, como los partidarios de mujeres predicadoras afirman, debe haber Escrituras suficientes.
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domingo, 26 de abril de 2015
Priscila y Aquila ( breve )
PRISCILLA Y AQUILA
Siempre se necesitan hermanos y hermanas que colaboran en la obra evangelística. Y cuando marido y mujer comparten en esta tarea, es una gran bendición. Lea de don Aquila y señora Priscilla. Resultan ser una inspiración para todo matrimonio.
“Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús” Romanos 16:3.
Entre las mujeres que llegamos a conocer en el Nuevo Testamento, se destaca señora Priscilla. Junto a su marido Aquila, los dos contribuyeron mucho al avance del evangelio en Grecia y Asia Menor. Los dos eran compañeros de Pablo, desde que él se juntó a ellos en la ciudad de Corinto. Recién llegado desde Atenas, Pablo les halló porque eran del mismo oficio de confeccionar carpas. Por su parte Priscilla y Aquila eran recién venidos de Italia, por cuanto Claudio el emperador había mandado que todos los judíos saliesen de Roma y Aquila era judío de Ponto, la provincia ubicada al sur del Mar Negro que hoy día es el país de Turquía.
De Priscilla, poco sabemos, aunque las referencias a ella en la Biblia dan la impresión que era una persona muy especial. No sabemos cuándo se convirtió pero esta mujer nunca ocultó el hecho de pertenecer a Cristo y colaboraba con Pablo y con su marido en sus afanes evangelísticos. Parece que Priscila era una mujer tierna, con gran sensibilidad y con gran firmeza y fidelidad en su servicio para Dios. Se entregó a sí misma con todas sus cualidades y su capacidad para ser usada en las manos del Señor. En las iglesias locales hoy, siempre hay aprecio para mujeres de esta estirpe. Hermanas, Priscilla es un ejemplo digna de imitar.
Aquila y Priscilla vivieron en Roma en los años 50 o 52. Se radicaron en la ciudad de Corinto, un próspero puerto notorio por su corrupción. Corinto tenía un templo dedicado a la diosa del amor, en el cual más de 1.000 prostitutas religiosas oficiaban. El carácter voluptuoso e inmoral de la adoración de esta diosa había convertido a Corinto en un centro de inmoralidad. En este ambiente, esta pareja estableció su nuevo hogar. Parece que no tenían hijos propios, pero vieron a otros nacer en la familia de Dios. ¿Cómo habría sido escuchar a Priscila y Aquila conversar con Pablo sobre los temas que hoy tenemos en la Biblia? Priscilla y Aquila compartieron días con Pablo cuando él se hospedó en la casa de ellos. Seguro es que mientras trabajaban, conversaron acerca del Señor Jesús, y su poder salvador. Priscilla con Aquila aprendieron mucho de Pablo. Más tarde este mismo conocimiento les permitió corregir a Apolos cuando él llegó a Corinto y necesitaba más instrucción en la doctrina. Como resultado, Apolos llegó ser valioso en las manos de Dios. Su historia la tenemos en los Hechos 18. Hoy día, se necesitan muchas parejas como Aquila y Priscilla para colaborar en la obra del Señor. ¿Qué de Ud.?
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jueves, 23 de abril de 2015
Un Estudio para ti Mujer de Dios
la Mujer en el Servicio a Dios.
I. SABER SU VALOR.
a. Creada a imagen de Dios. (Génesis 1:27). CON características que le permiten entrar en relación PERSONAL con Dios y ejercer COMO representantes suyos, el gobierno del mundo. b. Comprada con PRECIO de sangre. (Efesios 1:7; Apocalipsis 5:9c). c. Creada PARA grandes cosas, como consecuencia de la salvación en Cristo.
II. CLARIFICAR EL CONCEPTO ACERCA DE LA MUJER.
1. El concepto del mundo. Rechazada y marginada. Criticada en la historia de muchos pueblos. Según un proverbio budista: Nació mujer porque cometió miles de pecados en el mundo anterior. Criticada en la historia de muchos pueblos. 2. El concepto de los líderes de iglesias. 3. El concepto de Dios. Génesis 1:27; 5:1,2; Romanos 5:8; 1Cor. 6:19,20. 4. El concepto de sí misma. ¿Quién soy? ¿Para que estoy aquí? ¿Hacia dónde voy?
III. ANALIZAR MUJERES BÍBLICAS.
a. Débora, gobernante, profetiza. (Jueces 4:1-14). b. Ester, reina. c. Dorcas, Hechos 9:36. d. Mujeres que ayudaban a Jesús. Lucas 8: 1-3. e. Lidia. Hechos 16:14,15.
IV. RECONOCER SUS DONES Y HABILIDADES. Romanos 12:3-5. 1Cor. 12:2-27. Las mujeres podemos servir en diferentes maneras, según el don que Dios nos dio. Romanos 12:6-8.
V. SERVIR.
* CON alegría. Deuteronomio 10:12; Salmo 100:2. * Con sencillez de corazón. Ef. 6:5.7. Hechos. 2:46. * Con temor y temblor. Salmos 2:11. * Con excelencia. 2 Samuel 24:24. * COMO PARA Dios. Colosenses 3:1.
Servir a Dios es la mejor carrera. Invertir la vida para honrarlo a El, trae grandes dividendos. Aceptemos el valor que tenemos por nuestra Posición en Cristo, proclamemos quiénes somos en El y realizemos la tarea según los dones que él nos ha dado.
Dios te bendiga,
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domingo, 19 de abril de 2015
La Mujer sorprendida en adulterio
La mujer sorprendida en adulterio
“La mujer sorprendida en adulterio” (Juan 8:1-11)
Propósito : Mostrar que Cristo nos perdona y nos salva de la condenación eterna.
Introducción: Marta, María, Juana, no sabemos el nombre de esta m ujer. Sabemos que era una mujer religiosa, pues al ser judía obviamen te tenía una religión con ceremonias y ritos religiosos que tenía que cumplir. Sabemos q ue era una mujer casada. Y quizá también sea cierto que no era una mujer felizmente casada. ¿Qué motivaría a una mujer judía, con normas tan rigurosas a tener una aventur a amorosa fuera de su matrimonio? ¿Será que tenía como esposo a un hombre que no amaba? Es probable, pues dentro de la cultura judía, el padre de un varón solía buscar un a esposa para su hijo, por la que pagaba una dote por ella, y si este fue el caso, existe mucha probabilidad de que ella no amara a este hombre. Esto, más algunos otros factores que ignoramos, quizá fue lo que motivó a esta mujer a ser infiel. Pero antes de ent rar en detalle sobre el tema que nos ocupa, debo aclarar algunos puntos importantes sobre el texto:
1. En el plan de los escribas y fariseo no es la mujer, ni el amante de la mujer, ni el adulterio, ni la ley de Dios, ni la justicia, nada, sino tentar a Jesús.
2. ¿Por qué intentar tentar a Cristo con este acto pecaminoso. Porque, aunque la ley de Moisés mandó apedrear a los adúlteros, la ley romana quitó la jurisdicción judía para llevar a cabo ejecuciones, sino solamente por profanar el templo. Así que, la tentación es esta: ¿A qué ley se iba a sujetar Cristo? ¿A la ley de Moisés, faltando así a la ley romana y haciéndose parte de un delito? ¿A la ley romana, faltando así a la ley de Dios?
3. Esto explica por qué los judíos no trajeron una pareja ante Cristo, pues estaban más preocupados por la tentación, y no por cumplir la l ey de Dios.
4. Aún así, y a pesar de todas estar arbitrariedades, la mujer de nuestro texto era culpable.
I. ERA CULPABLE. A. Fue “…sorprendida en adulterio…” (v. 3)
1. El testimonio de los escribas y fariseo fue: “…es ta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio…” (v. 4).
a Su acusación no estaba fundamentada en rumores. b Su acusación no estaba fundamentada en calumnias. c Su acusación estaba fundamentada en hechos que efec tivamente sucedieron.
2. Antes Dios era culpable (Levítico 20:10; Dt. 22:22- 24) B. Ella sabía que merecía un castigo.
1. Primeramente el castigo de Dios.
2. El castigo de los hombres:
a. Un castigo sin misericordia. b. Un castigo sin escape. c. Un castigo de los más crueles. d. Es una muerte lenta, con mucho dolor y sufrimiento. C. Nuestra historia no es muy diferente de la que estamos viviendo muchos.
1. Todos hemos pecado (Rom. 3:23) a. Aunque muchos crean que nunca han ofendido a Dios, que nunca han pecado, la realidad es otra, pues Dios dice que “to dos” lo hemos hecho; y Dios no miente (Rom. 3:4). b. Todos hemos violado la norma de conducta que Dios ha establecido (1 Juan 3:4), o hemos dejado de hacer el bien que sabíamos que debíamos hacer (Stgo. 4:17), todos hemos pecado de una u otra forma (Rom. 1:18- 31) c. Como la mujer sorprendida en adulterio, también somos culpables delante de Dios.
2. Al ser culpables de pecado, también debemos estar concientes que tal situación espiritual tiene consecuencias espiritual es muy negativas. a. Estamos “…destituidos de la gloria de Dios…” (R om. 3:23) b. Nos espera la condenación (Mt. 5:22; Ap. 21:8) c. Será un castigo “eterno” (Mt. 25:41). Las pedradas que iba a recibir la mujer llegarían a su fin, pero este castigo, ¿acaba rá? d. Será un castigo sin misericordia (Mt. 13:42) e. Será un castigo del que no habrá escape (1 Ts. 5:2, 3)
3. La mujer sorprendida en adulterio estaba conciente de que merecía este castigo, y nosotros, ¿merecemos este castigo? a. Ya hemos demostrado que todos hemos pecado, entonces nuestro castigo es justo (Rom. 2:5-8), así pues, Dios “…ha establ ecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia…” (Hechos 17:31). D. Afortunadamente la historia de la mujer que fue sorprendida en adulterio tiene un final feliz:
II. FUE PERDONADA.
A. Justo cuando los hombres estaban a punto de juzgarla, ninguno fue encontrado justo para llevar a cabo la ejecución (Juan 8:7-9; Rom. 3:10-18)
B. Cuando todos se fueron, solamente quedó uno delante de ella, Jesús, el único justo entre la multitud, pues él, aunque “…fue tentado en todo…”, no cometió “…pecado…” (He. 4:15)
C. Pero la mujer sorprendida en adulterio no recibió e l golpe de una roca en su cuerpo, sino apacibles palabras de misericordia y perdón: “…Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más…” (Jn. 8:10, 11)
D. Hoy usted puede tomar la decisión de recibir el mis mo perdón.
1. Para eso vino Cristo (Juan 3:16, 17)
2. Arrepiéntase de sus pecados (Romanos 3:19)
3. Sea sumergido en agua para el perdón de sus pecados y ser parte así de lo que ya han recibido la misericordia de Jesucristo (Mr. 16:16; Hch. 2:38)
4. Una vez llevado a cabo esto, comenzaremos una nueva vida, como dijo Cristo a la mujer, “…no peques más…”. “…Ahora , pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu…” (Rom. 8:1)
5. “…la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro…” (Rom. 6:23)
CONCLUSIÓN: Aunque la mujer sorprendida en adulterio era culpable de pecado y merecía la muerte, Cristo derramó de su misericordi a sobre ella y le dio una segunda oportunidad, “ni yo te condeno”, le dijo. Usted, es timado amigo que me escucha, aunque también es culpable de pecado, tiene la oportunidad de escuchar esas mismas palabras de perdón el día del juicio. Basta su obed iencia al evangelio. ¿Está usted dispuesto a obedecer el evangelio?
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viernes, 17 de abril de 2015
Rut donde tu vayas yo iré
Rut donde tu vayas yo ire
1, 2. a) ¿Cómo es el camino que recorren Rut y Noemí? ¿Con qué penas carga cada una? b) ¿En qué sentido es el viaje de Rut distinto al de Noemí?
RUT y Noemí recorren a pie un camino que atraviesa las llanuras de Moab. Ahora están solas. Sus siluetas apenas se distinguen en el inmenso paisaje azotado por el viento. Rut se da cuenta de que las sombras de la tarde son cada vez más alargadas. “Tal vez sea hora de buscar un lugar donde pasar la noche”, piensa mirando a su suegra. La quiere muchísimo y está dispuesta a hacer todo lo que esté en su mano para cuidar de ella.
2 Cada una carga con sus propias penas. Hace años que Noemí es viuda y ahora llora la muerte de sus hijos, Mahlón y Kilión. Rut también está muy afligida, pues Mahlón era su esposo. Ahora las dos se dirigen al mismo sitio, la ciudad de Belén en Israel. Sin embargo, cada una ve el viaje de forma distinta. Mientras que Noemí vuelve a su lugar de origen, Rut avanza hacia una tierra desconocida, dejando atrás a sus parientes, su país y su cultura, lo que incluye a sus dioses (lea Rut 1:3-6).
3. ¿Qué preguntas debemos responder si queremos tener una fe como la de Rut?
3 ¿Por qué una joven como Rut daría un giro tan grande a su vida? ¿De dónde sacó las fuerzas para comenzar de nuevo y cuidar de Noemí? Rut la moabita es un gran ejemplo de fe, y conocer las respuestas a estas preguntas nos ayudará a imitarla. (Vea también el recuadro “ Una obra de arte en miniatura”.) Antes que nada, averigüemos por qué estas dos mujeres emprendieron el largo camino que las llevaría a Belén.
Una familia destrozada por la tragedia
4, 5. a) ¿Por qué Noemí y su familia se mudaron a Moab? b) ¿A qué pruebas se enfrentó Noemí en Moab?
4 El pequeño país de Moab, donde se crió Rut, estaba situado al este del mar Muerto. Se encontraba en una región de altas mesetas cortadas por profundos barrancos. Aunque no era una zona arbolada, “los campos de Moab” solían ser tierras de cultivo fértiles, incluso cuando el hambre azotaba el vecino territorio de Israel. De hecho, esa fue la razón por la que Mahlón y su familia conocieron a Rut (Rut 1:1).
5 Debido al hambre que había en Israel, Elimélec —el esposo de Noemí— había decidido dejar su país y mudarse a Moab con su esposa y sus dos hijos. Esta mudanza de seguro puso a prueba la fe de toda la familia, pues los israelitas debían ir periódicamente al lugar sagrado que Jehová había elegido para ser adorado (Deut. 16:16, 17). Y aunque Noemí logró mantener viva su fe, quedó desolada cuando falleció su esposo (Rut 1:2, 3).
6, 7. a) ¿Por qué debió de preocuparle a Noemí que sus hijos se casaran con mujeres moabitas? b) ¿Por qué es admirable la manera en que Noemí trató a sus nueras?
6 Es muy probable que Noemí volviera a sufrir al ver que sus hijos se casaban con mujeres moabitas (Rut 1:4). Ella sabía que Abrahán, antepasado de los israelitas, hizo todo lo posible por que su hijo Isaac consiguiera una esposa que estuviera emparentada con su familia, pues sus parientes adoraban a Jehová (Gén. 24:3, 4). Además, la Ley mosaica advertía a los israelitas que no dejaran que sus hijos e hijas se casaran con personas de otra nación, pues esto podría llevar al pueblo de Dios a la idolatría (Deut. 7:3, 4).
7 Aun así, Mahlón y Kilión eligieron a dos moabitas como esposas. Es posible que Noemí se sintiera decepcionada o preocupada por la situación, pero de todas formas se esforzó por tratar con bondad y amor a sus nueras, Rut y Orpá. A lo mejor abrigaba la esperanza de que algún día llegaran a servir a Jehová. En todo caso, es evidente que ellas la querían muchísimo. La buena relación que las tres habían forjado las mantuvo en pie cuando la muerte de Mahlón y Kilión golpeó despiadadamente a la familia. Sin siquiera haber tenido hijos, Rut y Orpá quedaron de pronto convertidas en dos jóvenes viudas (Rut 1:5).
8. ¿Qué cualidades de Jehová debieron impresionar a Rut?
8 ¿Le ayudó de algún modo a Rut su religión a sobrellevar la dolorosa pérdida de su esposo? Lo más probable es que no. En Moab se rendía culto a muchos dioses, entre quienes se destacaba Kemós (Núm. 21:29). Según parece, los moabitas llegaron al extremo de sacrificar niños, lo que demostraría que su religión estaba impregnada por la crueldad y los horrores tan comunes en aquella época. Pero ¡qué diferente era el Dios de Israel! Cualquier cosa que Mahlón o Noemí le hubieran enseñado a Rut sobre el amor y la misericordia de Jehová debió haberla impresionado muchísimo. Jehová no quería que sus siervos le obedecieran por miedo, sino por amor (lea Deuteronomio 6:5). Tras una pérdida tan devastadora, es probable que Rut se acercara más a Noemí. Podemos imaginarla escuchando a su suegra hablarle del Dios todopoderoso, de sus magníficas obras y de cómo cuida a su pueblo con ternura y compasión.
Rut y Noemí consolándose mutuamente
Rut buscó el consuelo de Noemí en momentos de profundo dolor
9-11. a) ¿Qué decisión tomaron Noemí, Rut y Orpá? b) ¿Qué podemos aprender de las desgracias que sufrieron?
9 Noemí se mantenía pendiente de cómo iban las cosas en su país. Un buen día, tal vez de boca de un mercader, oyó que ya no había hambre en Israel porque Jehová había acudido en ayuda de su pueblo. Belén volvía a hacer honor a su nombre, que significa “Casa de Pan”. Así que Noemí decidió regresar a su antiguo hogar (Rut 1:6).
10 ¿Qué harían Rut y Orpá? (Rut 1:7.) La terrible experiencia que vivieron las había unido mucho a su suegra. Parece que a Rut, en particular, le atraían mucho la bondad de Noemí y su gran fe en Jehová. Fue así que, finalmente, las tres viudas partieron juntas con destino a Judá.
11 ¡Cuántas valiosas lecciones nos enseña este fragmento del relato de Rut! Vemos, por ejemplo, que las desgracias afectan a todo el mundo, tanto a los buenos como a los malos (Ecl. 9:2, 11). También encierra otra valiosa lección: cuando sufrimos una pérdida muy dolorosa, es bueno buscar el consuelo que otros nos puedan dar y, en especial, el de quienes se refugian en Jehová, el Dios al que Noemí servía (Prov. 17:17). El amor leal de Rut
12, 13. ¿Por qué Noemí les suplica a Rut y Orpá que vuelvan a su casa, y de qué forma reaccionan ellas?
12 A medida que las tres viudas avanzan por el camino, a Noemí le ronda otra preocupación por la cabeza. Está pensando en las dos jóvenes que la acompañan y que tanto amor le han dado a ella y a sus hijos. No quiere que sufran más. Está convencida de que no tendrá nada que ofrecerles si lo dejan todo para ir con ella a Belén.
13 Noemí no puede contenerse más y les suplica: “Anden, vuélvanse, cada una a la casa de su madre. Que Jehová ejerza bondad amorosa para con ustedes, así como ustedes la han ejercido para con los hombres ya muertos y para conmigo”. Además, les expresa su deseo de que Jehová las recompense a cada una con un esposo y una nueva vida. El relato continúa: “Entonces las besó, y ellas se pusieron a alzar la voz y llorar”. No es de extrañar que Rut y Orpá quieran tanto a su suegra, una mujer tan buena y generosa. De hecho, las dos jóvenes se niegan a dejarla y le aseguran con insistencia: “Contigo volveremos a tu pueblo” (Rut 1:8-10).
14, 15. a) ¿A qué cosas decide volver Orpá? b) ¿Cómo intenta Noemí convencer a Rut para que se vaya?
14 Pero Noemí no da el brazo a torcer. Trata de hacerles entender que no podrá hacer mucho por ellas en Israel, pues no tiene esposo que la cuide, ni hijos con los que las jóvenes puedan casarse. Además, no cree que esta situación vaya a cambiar. Incluso reconoce que le angustia mucho no poder cuidar de ellas. Orpá enseguida lo ve claro: le conviene quedarse en Moab, donde la esperan su madre y sus demás parientes. En términos prácticos, esta parece ser la mejor opción. Así que, con mucha tristeza, besa a su suegra y da media vuelta (Rut 1:11-14).
15 ¿Y a Rut? ¿La convencen los argumentos de Noemí? De ninguna manera. El relato indica que Rut se queda con ella. Quizás Noemí ya ha reemprendido la marcha, pero cuando ve que Rut la está siguiendo, trata de convencerla diciéndole que Orpá “se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses” y le suplica que se vaya con ella (Rut 1:15). Las palabras de Noemí nos revelan un detalle muy importante: Orpá no solo volvía a su pueblo, sino también “a sus dioses”. No le molestaba seguir adorando a Kemós y a otras deidades falsas. ¿Veía Rut las cosas de la misma manera?
16-18. a) ¿Con qué palabras expresa Rut su amor leal? b) ¿Qué decide hacer Rut debido al amor leal que siente por su suegra? (Vea también las ilustraciones de Rut y Noemí.)
16 El corazón de Rut rebosa de amor por Noemí y por su Dios. Así que no tiene ni la más mínima duda de lo que quiere hacer. Sola con Noemí en aquel polvoriento camino, la mira a los ojos y le dice: “No me instes con ruegos a que te abandone, a que me vuelva de acompañarte; porque a donde tú vayas yo iré, y donde tú pases la noche yo pasaré la noche. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde mueras tú, yo moriré, y allí es donde seré enterrada. Que Jehová me haga así y añada a ello si cosa alguna aparte de la muerte hiciera una separación entre tú y yo” (Rut 1:16, 17). Rut diciéndole a Noemí: “A donde tú vayas yo iré””
“Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”
17 ¡Qué palabras tan memorables! Tanto es así que siguen recordándose hoy día, unos tres mil años después de que Rut las pronunciara. Resaltan una hermosa cualidad: el amor leal. El amor que Rut siente por Noemí es tan grande, leal e inquebrantable que está decidida a nunca apartarse de su lado, no importa adónde vaya. Solo la muerte podría separarlas. Rut está lista para formar parte del pueblo de Noemí y dejar atrás todo lo que conoce en Moab, incluidos sus dioses. A diferencia de Orpá, ella desea de corazón servir al Dios de Noemí, Jehová. *
18 De modo que ambas retoman el largo camino que las conducirá a Belén. Según cierto cálculo, el viaje bien pudo tomarles una semana. Pero seguro que recorrer ese trayecto juntas les hace las penas más llevaderas.
19. ¿Cómo podría usted imitar el amor leal de Rut en la familia, con los amigos y en la congregación?
19 Hoy día vivimos rodeados de dolor y sufrimiento. Como dice la Biblia, estos son “tiempos críticos, difíciles de manejar”, en los que afrontamos todo tipo de desgracias (2 Tim. 3:1). Por eso es más necesario que nunca mostrar amor leal, tal como lo hizo Rut. ¿En qué consiste esta sobresaliente virtud? Se trata de una fuerza que nos impulsa a hacer el bien a pesar de vivir en un mundo lleno de maldad. Quien la manifiesta es leal al objeto de su amor y no lo abandona, pase lo que pase. Es una cualidad imprescindible en el matrimonio, en la familia, en las amistades y en la congregación cristiana (lea 1 Juan 4:7, 8, 20). Si cultivamos este tipo de amor, estaremos imitando el magnífico ejemplo de Rut.
Rut y Noemí en Belén
20-22. a) ¿Cómo han afectado a Noemí los años que vivió en Moab? b) ¿Qué punto de vista equivocado tiene Noemí sobre sus sufrimientos? (Vea también Santiago 1:13.)
20 Una cosa es decir que uno siente amor leal por alguien, y otra muy distinta es demostrarlo. En el caso de Rut, ella probó con hechos el amor leal e inquebrantable que sentía por Noemí y por Jehová, el Dios que había elegido. Veamos cómo.
21 Por fin las dos viudas llegan a Belén, situada a unos 10 kilómetros (6 millas) al sur de Jerusalén. La emoción que causa el regreso de Noemí parece indicar que ella y su familia habían sido bastante conocidas en esta pequeña ciudad. Las mujeres la observan detenidamente y se preguntan: “¿Es esta Noemí?”. Sin duda, los años tan difíciles que vivió en Moab la han cambiado mucho y han dejado huella en su aspecto (Rut 1:19).
22 Noemí les cuenta a sus parientes y antiguas vecinas todas las angustias que ha sufrido. Hasta ruega que le cambien el nombre —que significa “Mi Agradabilidad”— por Mará, que quiere decir “Amarga”. ¡Qué triste está! Al igual que hizo Job, ella cree que es Jehová quien la ha hecho sufrir tanto (Rut 1:20, 21; Job 2:10; 13:24-26).
23. ¿En qué piensa Rut, y qué medida para ayudar a los pobres incluye la Ley? (Vea también la nota.)
23 Suegra y nuera se adaptan poco a poco a la vida de Belén, y Rut piensa en cómo va a cuidar de sí misma y de Noemí. Se ha enterado de que la Ley que Jehová entregó a Israel incluye la rebusca, una bondadosa medida para ayudar a los pobres. Durante la temporada de la cosecha pueden entrar en los campos para ir recolectando lo que los segadores dejan atrás. También pueden recoger lo que ha crecido en las orillas y esquinas de los terrenos de cultivo (Lev. 19:9, 10; Deut. 24:19-21). *
24, 25. ¿Qué hace Rut cuando llega a las tierras de Boaz, y cómo era el trabajo de rebuscar los campos?
24 Ha llegado el tiempo de cosechar la cebada (alrededor del mes de abril según nuestro calendario). Rut sale a los campos en busca de alguien que le permita trabajar. Por casualidad, acaba en las tierras de un rico terrateniente llamado Boaz, quien resulta ser pariente de Elimélec, el difunto esposo de Noemí. Aunque Rut tiene el derecho de entrar a rebuscar, no lo da por sentado y le pide permiso al joven capataz de los segadores. Él se lo concede, y ella se pone a trabajar de inmediato (Rut 1:22–2:3, 7).
25 Mientras los cosechadores cortan la cebada con sus hoces de pedernal, Rut va detrás. Se agacha para recoger lo que se les cae o pasan por alto, hace gavillas atando las espigas y las lleva a un lugar donde después pueda sacar el grano. Es una labor lenta y agotadora, que se vuelve más y más difícil a medida que avanza la mañana. Con todo, Rut no se distrae y solo se detiene para secarse el sudor de la frente y comer algo “en la casa”, que posiblemente sea un refugio para que los trabajadores descansen a la sombra.
Rut recogiendo cebada detrás de los cosechadores
Rut trabajaba de sol a sol en una labor humilde para cuidar de sí misma y de Noemí
26, 27. ¿Qué clase de persona es Boaz, y cómo trata a Rut?
26 Lo más probable es que Rut no espere llamar la atención de nadie. Pero cuando Boaz la ve, le pregunta al capataz quién es ella. Boaz es un hombre entrado en años, de admirable fe y profundo amor a Dios. Al llegar saluda a sus trabajadores con estas palabras: “Jehová esté con ustedes”, y ellos —algunos de los cuales tal vez son solo jornaleros o incluso extranjeros— le responden de forma parecida. Al ver a Rut, se interesa por su bienestar y la trata con cariño, como un padre a una hija (Rut 2:4-7).
27 De hecho, la llama “hija mía” y le aconseja que siga espigando en sus campos y se mantenga cerca de las jóvenes que trabajan para él, a fin de que ninguno de los segadores la moleste. Además, se asegura de que no le falte comida a la hora del almuerzo (lea Rut 2:8, 9, 14). Pero ante todo, la felicita y la anima. ¿Por qué?
28, 29. a) ¿Qué reputación se había ganado Rut? b) ¿Cómo podemos nosotros refugiarnos bajo las alas de Jehová?
28 Cuando Rut le pregunta a Boaz a qué se debe que la trate tan bien a pesar de ser extranjera, él le responde que se ha enterado de todo lo que ha hecho por Noemí. Esta debe haber hablado bien de su querida nuera a las mujeres de Belén. Es más, él también sabe que Rut ha decidido servir a Jehová, pues le dice: “Que Jehová recompense tu manera de obrar, y que llegue a haber para ti un salario perfecto procedente de Jehová el Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a buscar refugio” (Rut 2:12).
29 No cabe duda de que Rut se ha refugiado bajo las protectoras alas de Jehová, tal como un polluelo se acurruca bajo las alas de su madre. Se siente muy animada por las tranquilizadoras palabras de Boaz y se las agradece de corazón. Después del almuerzo, sigue trabajando hasta que cae la tarde (Rut 2:13, 17).
30, 31. ¿Qué nos enseña el ejemplo de Rut sobre ser trabajadores, agradecidos y demostrar amor leal?
30 Las obras de fe de Rut son un gran ejemplo para todos nosotros, en especial en esta época de tantas dificultades económicas. Como Rut no daba por sentado que tenían que ayudarla, agradecía todo lo que le ofrecían. No se avergonzaba de trabajar de sol a sol en una labor humilde para cuidar de la persona que amaba. Además, valoró y aceptó los buenos consejos sobre cómo trabajar con seguridad y en buena compañía. Pero sobre todo, nunca perdió de vista dónde encontraría verdadero refugio: en su Padre y Protector, Jehová.
31 Si demostramos amor leal como hizo Rut y seguimos su ejemplo al ser personas humildes, trabajadoras y agradecidas, nuestra fe también inspirará a los demás. Ahora bien, ¿cómo cuidó Jehová de Rut y Noemí? Lo analizaremos en el siguiente capítulo. Una obra de arte en miniatura
Se ha descrito el libro de Rut como una pequeña joya, una obra de arte en miniatura. Comparado con el libro de Jueces, que lo precede en la Biblia y nos da el contexto histórico, Rut es mucho más corto (Rut 1:1). Todo indica que ambos fueron escritos por el profeta Samuel. Salta a la vista que el libro de Rut se halla en el lugar acertado dentro del canon bíblico. Tras tantos relatos de guerras, ataques y contraataques, nos encontramos con esta diminuta joya que prueba que Jehová está siempre atento a las inquietudes cotidianas de quienes aman la paz. Se trata de una sencilla historia familiar que encierra profundas lecciones para todos. Nos habla del dolor de perder a seres queridos, así como del amor, la fe y la lealtad.
PREGUNTAS PARA PENSAR
¿Cómo expresó Rut su fe en Jehová?
¿Cómo manifestó Rut amor leal?
¿Por qué valoraba Jehová a Rut?
¿En qué campos piensa usted que podría imitar la fe de Rut?
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jueves, 16 de abril de 2015
Lea mujer no amada por su marido
Lea, una mujer
no amada por su esposo Cuando hablamos del matrimonio, es buen o regresar al comienzo mismo, donde empezó todo: «Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él» (Gn. 2:18). Una vez hecho eso, el autor del Génesis nos dice: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (v.24). Seguro recuerda la historia. Adán estaba solo y Dios dijo: «No es bueno.» Para que Adán fuese totalmente consciente de lo solo que se encontraba, Dios organizó un desfile de todos los animales para que pasaran fr ente al único ser humano que había en la tierra y le recordasen que él no tení a contraparte en el universo. Adán necesitaba alguien con quie n compartir la vida. Él fue creado para tener una relación. Solo, Adán era solamente la mitad de la historia. Por eso Dios creó a Eva y se la llevó. Entonces todas las piezas quedaron en su debido lugar para formar un matrimonio magnífico. El hombre y la mujer tenían una situación ideal. Fueron creados a la imagen de Dios y Él los colocó en un jardín donde tenían un trabajo desafiante que hacer, sin fatiga ni tensiones. Pero ya sabe lo que pasó despué s. Pasó algo que tuvo que ver con un mandato de Dios, un pedazo de fruta y una decisión . De esa decisión surgió la alienación: alienación de Dios el Creador; alienación de la naturaleza, que ahora los gobernaría a ellos, los fatigaría y a la larga los absorbería; alienación mutua porque la confianza dio paso a la culpa, y la igualdad, a la jerarquía; y finalmente, una alienación interna porque cada uno de ellos se convirtió en una guerra civil ambulante. Estaban divididos entre sus esperanzas y sus temores, y vacilaban entre su necesi dad fundamental de relacionarse y su resentimiento por tener que pagar el costo de esa relación. Se habían convertido en personas imperfectas que vivían en un mundo caído. Sólo seis generaciones después de Adán y Eva, la perfecta relación entre un hombre y una mujer había dado paso a la poligamia. Génesis 4:19 nos dice que Lamec se había casado con dos mujeres, Ada y Zila. La relación de una sola carne, una unidad que no sólo es física sino mental, emocional y espiritual, ya no era posible para un hombre que adquir ía esposas de la misma forma en que adquiría ganado, ovejas u oro. En Génesis 29 conocemos a dos mujeres: Lea y su hermana Raquel, esposas rivales en una relación polígama. Raquel, la más joven, era la niña de los ojos de su esposo. Lea no era amada. ¿Cómo vive una mujer con un hombre que no la ama? Examinar la vida de Lea puede ayudarnos a contestar esa pregunta. Primero conocemos a Lea como instrumento del engaño de otra persona. Jacob había engañado a su hermano Esaú po r su primogenitura y había huido de Canaán a la tierra de sus antepasados. Fue a la casa de su tío Labán, hermano de su madre. Labán lo invitó a vivir con él y a trabajar para él. Veamos la historia tal y como se desarrolla en Génesis 29: Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. Y los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer. Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel tu hija menor. Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; quédate conmigo. Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba. Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella. Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la traj o; y él se llegó a ella. Y dio Labán su
sierva Zilpa a su hija Lea por criada. Ve nida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el se rvicio que hagas conmigo otros siete años. E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla; y él le dio a Raquel su hija por mujer. Y dio Labán a Raquel su hija su si erva Bilha por criada. Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años (29:16-30). Probablemente el primero que le dé pena sea Jacob. Después de todo, un trato es un trato. Él hizo un trato por Raquel, no por Lea. Pero Jacob había sido bastante tramposo también. Había engañado a Isaac, su padre, el cual era ciego, e hizo trampa a su hermano Esaú. O sea que no es que no tuviera culpa ninguna. Sin embargo, nos da pena Jacob. Después de siete años de trabajo pasó por todas las festividades tradicionales para celebrar su boda con Raquel. Esperó en la oscura tienda a que le entregasen a su esposa , en la penumbra vio entrar a una mujer bien cubierta con un velo, y asumió qu e era Raquel. ¡Qué impacto debe haber sentido a la mañana siguiente cuando de scubrió que la poco atractiva Lea había sustituido a la hermosa Raquel! Es fácil concentrarse tanto en sentir lá stima por Jacob que nos olvidemos de lo que debe haber sentido Lea a la maña na siguiente. Algunos comentaristas especulan diciendo que Lea también habí a estado enamorada de Jacob durante esos 7 años, y que estuvo di spuesta a ser cómplice de la treta de su padre. No hay nada en el texto que confirme eso. Independientemente de que haya ido esa noche a la tienda de Jacob como cómplice voluntaria o como hija obediente a su padre, no pudo haber estado muy emocionada a la mañana siguiente cuando Jacob hizo una escena con su suegro Labán. Si Lea había esperado alg una vez el amor de Jacob, si alguna vez se había atrevido a pensar que podía competir con su hermosa hermana, todas sus ilusiones se desvanecieron cuando Jacob mostró su enojo por el engaño. Lea no era amada, ni deseada, ni buscada. Y una semana más tarde fue desplazada cuando Jacob tomó a Raquel para sí. Dudo que haya muchas mujeres hoy día que se hayan casado bajo las mismas circunstancias que Lea. Pero el engaño, de una u otra forma, ha sido parte de muchos noviazgos. Si está casada y pien sa en su propia boda, ¿obtuvo lo que creía que iba a obtener? ¿O se sintió enga ñada por su pareja en alguna forma? La vida puede parecer ciertamente desoladora cuando el engaño y la desilusión estropean desde el principio la relación más importante de nuestra vida. Vivimos en un mundo pecaminoso y construimos relaciones con personas pecadoras. Llevamos nuestra propia maldad a esas relaciones. No es de extrañarse que surjan el engaño y la desilusión. En los versículos 31 y 32, esta triste historia de la no amada Lea cambia de rumbo: «Y vio Jehová que Lea era menospre ciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril. Y concibió Lea, y dio a luz un hijo...» Dios no ignoraba la situación de Lea. Vio el dolor en su corazón e hizo algo al respecto. Le pe rmitió dar un hijo a Jacob. El Dios soberano vio la ne cesidad de Lea y actuó para satisfacerla. Y de paso estaba llevando a cabo su plan para Ja cob y sus descendientes, que incluía la manera en que enviaría a Jesucristo , el Mesías y Redentor, al mundo. Una de las limitaciones de Lea era que no era precisamente una candidata al certamen de Miss Mesopotami a, y tenía una hermana que sí lo era.
Raquel era Lea, una mujer no am ada por su esposo Cuando hablamos del matrimonio, es buen o regresar al comienzo mismo, donde empezó todo: «Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él» (Gn. 2:18). Una vez hecho eso, el autor del Génesis nos dice: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (v.24). Seguro recuerda la historia. Adán estaba solo y Dios dijo: «No es bueno.» Para que Adán fuese totalmente consciente de lo solo que se encontraba, Dios organizó un desfile de todos los animales para que pasaran fr ente al único ser humano que había en la tierra y le recordasen que él no tení a contraparte en el universo. Adán necesitaba alguien con quie n compartir la vida. Él fue creado para tener una relación. Solo, Adán era solamente la mitad de la historia. Por eso Dios creó a Eva y se la llevó. Entonces todas las piezas quedaron en su debido lugar para formar un matrimonio magnífico. El hombre y la mujer tenían una situación ideal. Fueron creados a la imagen de Dios y Él los colocó en un jardín donde tenían un trabajo desafiante que hacer, sin fatiga ni tensiones. Pero ya sabe lo que pasó despué s. Pasó algo que tuvo que ver con un mandato de Dios, un pedazo de fruta y una decisión . De esa decisión surgió la alienación: alienación de Dios el Creador; alienación de la naturaleza, que ahora los gobernaría a ellos, los fatigaría y a la larga los absorbería; alienación mutua porque la confianza dio paso a la culpa, y la igualdad, a la jerarquía; y finalmente, una alienación interna porque cada uno de ellos se convirtió en una guerra civil ambulante. Estaban divididos entre sus esperanzas y sus temores, y vacilaban entre su necesi dad fundamental de relacionarse y su resentimiento por tener que pagar el costo de esa relación. Se habían convertido en personas imperfectas que vivían en un mundo caído. Sólo seis generaciones después de Adán y Eva, la perfecta relación entre un hombre y una mujer había dado paso a la poligamia. Génesis 4:19 nos dice que Lamec se había casado con dos mujeres, Ada y Zila. La relación de una sola carne, una unidad que no sólo es física sino mental, emocional y espiritual, ya no era posible para un hombre que adquir ía esposas de la misma forma en que adquiría ganado, ovejas u oro. En Génesis 29 conocemos a dos mujeres: Lea y su hermana Raquel, esposas rivales en una relación polígama. Raquel, la más joven, era la niña de los ojos de su esposo. Lea no era amada. ¿Cómo vive una mujer con un hombre que no la ama? Examinar la vida de Lea puede ayudarnos a contestar esa pregunta. Primero conocemos a Lea como instrumento del engaño de otra persona. Jacob había engañado a su hermano Esaú po r su primogenitura y había huido de Canaán a la tierra de sus antepasados. Fue a la casa de su tío Labán, hermano de su madre. Labán lo invitó a vivir con él y a trabajar para él. Veamos la historia tal y como se desarrolla en Génesis 29: Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. Y los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer. Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel tu hija menor. Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; quédate conmigo. Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba. Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella. Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la traj o; y él se llegó a ella. Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada. Ve nida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el se rvicio que hagas conmigo otros siete años. E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla; y él le dio a Raquel su hija por mujer. Y dio Labán a Raquel su hija su si erva Bilha por criada. Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años (29:16-30). Probablemente el primero que le dé pena sea Jacob. Después de todo, un trato es un trato. Él hizo un trato por Raquel, no por Lea. Pero Jacob había sido bastante tramposo también. Había engañado a Isaac, su padre, el cual era ciego, e hizo trampa a su hermano Esaú. O sea que no es que no tuviera culpa ninguna. Sin embargo, nos da pena Jacob. Después de siete años de trabajo pasó por todas las festividades tradicionales para celebrar su boda con Raquel. Esperó en la oscura tienda a que le entregasen a su esposa , en la penumbra vio entrar a una mujer bien cubierta con un velo, y asumió qu e era Raquel. ¡Qué impacto debe haber sentido a la mañana siguiente cuando de scubrió que la poco atractiva Lea había sustituido a la hermosa Raquel! Es fácil concentrarse tanto en sentir lá stima por Jacob que nos olvidemos de lo que debe haber sentido Lea a la maña na siguiente. Algunos comentaristas especulan diciendo que Lea también habí a estado enamorada de Jacob durante esos 7 años, y que estuvo di spuesta a ser cómplice de la treta de su padre. No hay nada en el texto que confirme eso. Independientemente de que haya ido esa noche a la tienda de Jacob como cómplice voluntaria o como hija obediente a su padre, no pudo haber estado muy emocionada a la mañana siguiente cuando Jacob hizo una escena con su suegro Labán. Si Lea había esperado alg una vez el amor de Jacob, si alguna vez se había atrevido a pensar que podía competir con su hermosa hermana, todas sus ilusiones se desvanecieron cuando Jacob mostró su enojo por el engaño. Lea no era amada, ni deseada, ni buscada. Y una semana más tarde fue desplazada cuando Jacob tomó a Raquel para sí. Dudo que haya muchas mujeres hoy día que se hayan casado bajo las mismas circunstancias que Lea. Pero el engaño, de una u otra forma, ha sido parte de muchos noviazgos. Si está casada y pien sa en su propia boda, ¿obtuvo lo que creía que iba a obtener? ¿O se sintió enga ñada por su pareja en alguna forma? La vida puede parecer ciertamente desoladora cuando el engaño y la desilusión estropean desde el principio la relación más importante de nuestra vida. Vivimos en un mundo pecaminoso y construimos relaciones con personas pecadoras. Llevamos nuestra propia maldad a esas relaciones. No es de extrañarse que surjan el engaño y la desilusión. En los versículos 31 y 32, esta triste historia de la no amada Lea cambia de rumbo: «Y vio Jehová que Lea era menospre ciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril. Y concibió Lea, y dio a luz un hijo...» Dios no ignoraba la situación de Lea. Vio el dolor en su corazón e hizo algo al respecto. Le pe rmitió dar un hijo a Jacob. El Dios soberano vio la ne cesidad de Lea y actuó para satisfacerla. Y de paso estaba llevando a cabo su plan para Ja cob y sus descendientes, que incluía la manera en que enviaría a Jesucristo , el Mesías y Redentor, al mundo. Una de las limitaciones de Lea era que no era precisamente una candidata al certamen de Miss Mesopotami a, y tenía una hermana que sí lo era. Raquel era hermosa. Cuando aparece por primera vez en Génesis 29:6-12 es como si saltara de la página, llena de vi talidad y energía. Simpleme nte lo tenía todo. No es sorprendente que Jacob se quedara boqu iabierto cuando la viera ni es de extrañarse que la Biblia nos diga que los siete años que trabajó por ella «le parecieron como pocos días, porque la amaba» (v.20). Y luego tenemos a Lea. Lo único que sabemos de ella es que era de «ojos delicados» (v.17). Para los comentarista s y traductores ha sido muy interesante entender la palabra hebrea que se traduce por «delicados». En realidad no sabemos cómo eran los ojos de Lea. Unos dicen que se estaba quedando ciega y que Labán quería deshacerse de ella rá pidamente antes de que eso sucediese. Una versión de la Biblia traduce la palabra como «tiernos». Hay varias posibilidades. Tal vez Lea sólo tuviera una buena característica: sus hermosos ojos. O quizás sus ojos la afearan tanto que todo lo demás era insignificante. Lo importante es que, independientemente de cómo fuera físicamente, creció a la sombra de una hermosa hermana. ¿Pudo Dios haber creado a Lea tan he rmosa como a Raquel? Claro que sí. Entonces, ¿por qué no lo hizo? Le hubi era ahorrado mucha aflicción. ¿Por qué esperó Dios hasta que Lea fuera la espo sa no amada de Jacob para hacer algo bueno por ella? El profeta Isaías nos recu erda que «como son más altos los cielos que la tierra, así son [Sus] caminos má s altos que vuestros caminos, y [Sus] pensamientos más que vuestros pensam ientos» (55:9). Cuando miramos a Lea más de cerca vemos que si Dios la hubiese hecho tan hermosa como a su hermana Raquel, es muy probable que no se la hubiesen impuesto a Jacob. Si ese hubiera sido el caso, Jacob nunca hubiese tenido los hijo s específicos a través de los cuales Dios obró a favor de Israel y de un mundo caído. Dios a menudo obra en nuestras vidas, no dándonos una situación perfecta, sino demostrando su poder y su amor en nuestras situaciones imperfectas. Obra para nuestro bien permitiendo las luchas en relaciones imperfectas. A Lea no la amaban. Sin embargo, Dios lo vio e hizo que concibiese hijos. No una, sino al menos siete veces. A través de cada una de las ocasiones en que Lea tuvo en sus brazos una nueva criaturita y le puso nombre, podemos ver un poco de cómo pensaba, qué sentía, cu áles eran sus necesidades. En Génesis 29:32, mientras acunaba a su primogénito, Lea «llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ha mira do Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido». Poco después «concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto oyó Jehová que yo era menospreci ada, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón» (v.33). Como si dos hijos no fueran suficientes, «conci bió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos; por tanto, llamó su nombre Leví» (v.34). Tres hijos. ¿Suficiente? Aparentemente no, porque el versículo 35 nos dice: «Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová; por esto llamó su nombre Judá; y dejó de dar a luz.» Cuatro varones uno detrás del otro. ¿Se im agina a Lea a la entrada de su tienda un caluroso día de verano en Mesopota mia llamando a sus hijos: «¡Rubén! ¡Simeón! ¡Leví! ¡Judá!»? Observemos cómo progresó la comprensión y la fe de Lea analizando el significado de los nombres de sus hijos.
Rubén: «¡Ved un hijo!» Lea reconoce que Di os vio su aflicción, la hizo concebir, y le dio un hijo. Interpretó ese hecho como la manera en que Dios la ayudaría a ganarse el amor de su marido. Pero, ¿d io resultado? Aparentemente no. Simeón nació probablemente menos de un año después. Simeón: «oír». Lea aún no era amada. El nacimiento de Rubén no había hecho que Jacob la amase. Él seguía teniendo ojos sólo para Raquel. Dios había escuchado los suspiros de Lea, había visto sus lágrimas, había entendido su profundo deseo de tener el amor de Jacob, y le ha bía dado un segundo hijo. Seguro que esta vez Jacob la amaría. Pero, ¿fue así? Una vez más Lea dio a luz un hijo y le pu so Leví, que signific a «unido, junto», y explicó: «Ahora esta vez se unirá mi ma rido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos.» La esperanza es eterna en el corazó n humano. Lea esperaba que cada nuevo hijito produjese alguna diferencia en el matrimonio, que de alguna manera Jacob empezara a amarla como amaba a Raquel. Aún esperaba ocupar un lugar igual al de Raquel en su corazón, por no deci r el primero. Con el paso del tiempo, después del nacimiento de ca da niño, la esperaba se retrasaba y luego se echaba por tierra. Todos sus esfuerzos por ganar el amor de Jacob -con la ayuda de Dios- fueron inútiles. Él seguía teniendo oj os solamente para la hermosa, aunque estéril, Raquel. Muchas esposas hacen hasta lo imposibl e para ganar o mantener el amor de esposos que no les corresponden. Y con la misma frecuencia, al igual que Lea, esa esperanza, que es eterna, se co nvierte en esperanza postergada o defraudada. Es muy difícil vivir en una relación sin sentir un amor profundo, mutuo y comprometido. Todo nuestro ser clama por él. Después de todo, esa fue la intención original de Dios para el matrimonio cuando creó al hombre y a la mujer y los juntó en el Edén. El matrimonio en el Edén no consistía so lamente en tener relaciones sexuales. Era un matrimonio de mentes, de metas, de intereses y de espíritus. Era un matrimonio de dos cuerpos que se hicier on uno para simbolizar toda la unidad que un hombre y una mujer podían experi mentar en todas las dimensiones de su vida en común. Era una unidad total que fue posible sólo en el Edén. en su perfección, Adán y Eva podían tener esa relación. En mi calidad de mujer imperfecta casa da con un hombre imperfecto no puedo tener esa unión total y sin mancha con mi esposo. Mis nece sidades entran en conflicto con las suyas. Sus deseos chocan con los míos. Es fácil desilusionarse de una relación que no puede ser perfecta. Por eso tratamos, anhelamos y deseamos algo mejor. En el mundo de hoy, si pe rdemos la esperanza de lograrlo con el señor Maravilla #1, puede qu e decidamos intentarlo con el señor Maravilla #2 o con el señor Maravilla #3. En una época en la que estamos rodead os de medios de comunicación que consideran el amor romántico la base de los matrimonios sólidos, es difícil aferrarse al hecho de que se puede constr uir un matrimonio magnífico sobre algo que no es el amor. En medio de la desilu sión de sentirse menos amada de lo que a una le gustaría, ¿es posible encontrar recursos para ser feliz en un matrimonio imperfecto?
Examinemos la actitud de Lea cuando naci ó su cuarto hijo. Le puso por nombre Judá, que significa «alabanza». Explicó es e nombre diciendo: «Esta vez, alabaré a Jehová.» Por primera vez al ponerles nomb res a sus hijos, Lea pasó de expresar su anhelo por el amor de Jacob a acepta r y a complacerse en el amor de Dios. La atención de Lea cambió de lo que le faltaba a lo que tenía. Es verdad que las cosas con Jacob seguían igual. Él segu ía soñando con Raquel. Lea no podía cambiarlo, pero sí podía cambiarse a sí misma. Podía cambiar el centro de su atención, podía reconocer la mano de Dios, que le daba significación a su vida. El paso más importante para tener gozo en un matrimonio sin amor es cambiar nuestra atención de lo que no tenemos a lo que sí tenemos. Le a tenía cuatro hijos varones en una época en que los varones lo eran todo. Se dio cuenta de la abundancia de su situación y dijo : «Esta vez, alabaré a Jehová.» Génesis 30 empieza destacando a Raquel: Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. Y Jacob se enojó contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el frut o de tu vientre? Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y dará a lu z sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella (vv.1-3). Bilha tuvo un hijo de Jacob que legalmente era hijo de Raquel. Lo sabemos porque fue Raquel quien le puso nombre al niño. Lo llamó Dan y dijo: «Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y me dio un hijo...» (v.6). Si dio resultado una vez, tal vez diera resultado dos veces. Por eso Raquel envió a Bilha a donde Jacob una vez más. La sierva dio a luz otro hijo y Raquel le puso Neftalí, que significa «luchas». Raquel ex plicó la selección de nombres diciendo: «Con luchas de Dios he contendido co n mi hermana, y he vencido...» (v.8). ¿Había vencido realmente? En realidad, la anotación estaba cuatro a dos, a favor de Lea. Pero al ponerse ne rviosa porque su hermana podía estar acercándosele, Lea se lanzó al mismo juego y también di o a su sierva Zilpa a Jacob. Cuando Zilpa dio a luz un hijo, Lea le puso Gad, que significa «fortuna ». Sí, sus riquezas iban en aumento. La anotación era ah ora cinco a dos, aún a favor de Lea. A Raquel le había dado resultado dos vece s. Tal vez le diera resultado a Lea dos veces también. Por eso, ésta envió una vez más a Zilpa a acostarse con Jacob. Zilpa quedó embarazada y dio a luz un hi jo. Lea le puso por nombre Aser, que significa «feliz», y exclamó: «Dichosa de mí; porque las mujeres me llamarán bienaventurada» (v.13, Bi blia de las Américas). ¡Qué cambio! La amada y fa vorecida Raquel estaba de solada. La infeliz y no amada Lea exclamó: ¡Dichosa de mí! Se cambiaron los papeles. La mujer que lo tenía todo al principio estaba llena de envidia y frustració n. La esposa de reemplazo, la que quería tan desesperad amente conocer el am or de su marido, había aprendido a centrarse en lo que tenía, no en lo que le faltaba. Podía decir: «¡Dichosa de mí!» Me alegraría saber que la historia terminó con Génesis 30:13. Lea se oía victoriosa en su matrimonio sin amor. Alabó a Dios por lo que tenía y no se centró en lo que le faltaba. Sería agrada ble pensar que se quedó así el resto de su vida. Pero nuestras batallas raras vece s permanecen invictas. En la rivalidad iaria entre Raquel y Lea, rivalidad que duró toda una vida, la batalla de Lea
contra sus circunstancias, es decir, co ntra un matrimonio sin amor, había de pelearse una y otra vez. Aprendemos mucho acerca de la relación entre las dos hermanas en la historia siguiente: Fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a Lea su madre; y dijo Raqu el a Lea: Te ruego que me des de las mandrágoras de tu hijo. Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las ma ndrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo. Cuando, pues, Jacob volvía del campo a la tarde, salió Le a a él, y le dijo: Llégate a mí, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche. Y oyó Dios a Lea; y concibió, y dio a luz el quinto hijo a Jacob. Este incidente demuestra las tensiones diar ias que había en la casa de Jacob. El pequeño Rubén había encontrado unas mand rágoras en el campo. La mandrágora es una planta que produce un fruto amar illo del tamaño de un ciruelo y tiene forma de tomate. A esta fruta le decían la manzana del amor. La gente creía que ayudaba a las mujeres a ser fértiles. La exclamación de Raquel a Jacob al prin cipio de Génesis 30: «Dame hijos, o si no, me muero», revelaba la intensidad de su deseo de tener hijos. Así que podemos entender por qué, cuando vio a Rubén con manzanas de amor, pidió a Lea que le diera algunas. Pero también se comprende la respuesta de Lea: «?Es poco que hayas tomado mi marido, si no que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo?» La relación entre Lea y Raquel seguía afectada por la rivalidad. aquel estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para qu edar embarazada. Lea no podía olvidar que Raquel tenía en sus manos poco cuid adosas el corazón de su esposo. Por tanto, comenzaron a negociar. Al final Raquel consintió en permitir que Jacob durmiera con Lea esa noche a cambio de las mandrágoras. Irónicamente, fue la mujer que no tenía las mandrágoras la que quedó embarazada. La que creía en las cualidades mágicas de aquellas manzanitas de amor seguía siendo estéril. Cuando nació el quinto hijo de Lea le puso por nombre Isacar, que significa «recompensa». Explicó su nombre diciendo : «Dios e ha dado mi recompensa, por cuanto di mi sierva a mi marido» (v.18). Lea vio el nacimiento de Isacar como una recompensa de Dios. Parece que casi inmediatamente Lea concib ió de nuevo y dio a luz el sexto hijo a Jacob, a quien le puso por nombre Zabulón, que significa «honor». Su explicación fue: «Dios me ha favorecido con una buena dote; ahora mi marido vivirá conmigo, porque le he dado seis hijos» (v .20, Biblia de las Américas). [Una nota al margen de la Biblia de las Américas dice que otra posible traducción es: «me honrará». N. del T.] Notemos cómo había aumentado la compre nsión de Lea de la vida. Después que nació su primer hijo dijo: «Ahora me amará mi marido.» De spués que nació el tercer hijo dijo: «Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo.» Y después que nació su sexto hijo había reducido sus expectativas. Sencillamente dijo: «Esta vez me honrará mi marido.» Se estaba volviendo más realista respecto a lo que iba y no iba a suceder en su matrimonio. Un matrimonio sin amor nunca llegará el contentamiento mientras nos aferremos al ideal del amor romántico y perdamos de vista las buenas dádivas que ya
hemos recibido de Di os. Lea se centró en Zabulón pensando que era una «buena dote» de Dios. Habían pasado muchos años desde aquella mañana en que Jacob se despertó y descubrió que la esposa que tenía en su tienda era Lea y no Raquel. Durante todos esos años, Raquel había deseado un hijo más que nada en el mundo. Después de muchos años de espera, con la anotación en nueve (incluyendo a su hija Dina) para Lea y sólo dos para Raquel concebidos por su sierva, Dios escuchó el clamor de Raquel por un hijo y ésta quedó embarazada. Nació su hijo José, y la primera petición de Raquel fue: «A ñádame Jehová otro hijo» (v.24). Dios escuchó su oración, pero con co nsecuencias que ella no pudo haberse imaginado. Para entonces, Jacob había tr abajado para Labán durante 20 años. Un bribón que despojaba a otro bribón. Así, Jacob tomó la decisión de regresar a Canaán con su larga familia de dos espo sas, dos concubinas, diez hijos y una hija. Mientras la familia viajaba hacia el oeste sucedió lo in concebible. Raquel, hacia el final del viaje y embarazada de su segund o hijo, murió en el alumbramiento. Lo que más deseó en el mundo se convirtió en la causa de su separación final del hombre que la amaba. La mujer que tenía todas las razones para ser feliz murió dando a luz a un hijo llamado Benoni, que significa «hijo de mi tristeza» (35:18). Es fácil mirar a una mujer de una belleza asombrosa y el amor eterno que le tiene un hombre y pensar que debe ser la más feliz de todas. Pero fíjese en la tristeza de Raquel, escuche su queja. Muchas ve ces, las cosas no son lo que aparentan ser. ¿Y Lea? Dios sacó soberanamente a su rival del círculo familiar. Raquel había muerto. Lea era ahora la esposa No. 1. No sabemos si Jacob aprendió a amarla más de lo que la amaba en el momento del primer engaño ni cuántos años más vivieron juntos. Sólo sabemos que cuando Lea murió, Jacob la enterró en el sepulcro ancestral, la cueva de Macp ela, donde estaban enterrados Abraham, Sara, Isaac y Rebeca. La honró en su muerte. Al final del libro de Rut, después que Booz venció al pariente más cercano y ganó a Rut como esposa, los ancianos de la ci udad de Belén oraron diciendo: «Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel» (4:11). Lea, la no amada se convirtió en la madre que ayudó a edificar la casa de Israel. De los doce hijos de Jacob que llegaron a ser progenitores de las doce tribus de Israel, seis nacieron de Lea. De la tristeza personal de Lea salieron ricas bendiciones para Israel. Fue Lea quien di o a luz a Judá, de quien provino David, el rey más grande de Israel, y de quien vino el León de la tribu de Judá: nuestro Señor Jesucristo. Lea, la poco atractiva hermana mayor de la hermosa Raquel, vivió en una situación muy difícil, y sobrevivió. Al igual que ella, nosotros también somos personas caídas en un mundo caído. Somo s personas marcadas por la alienación de los demás y de nosotros mismos. La vida raras veces, si acaso, es plenamente satisfactoria. La mayoría de las veces tiene cierto sabor a insatisfacción: no recibimos suficiente am or, ni suficiente cuidado, ni suficiente honor, ni suficiente estima. Tal vez recibamos casi lo suficiente, pero nunca tanto como quisiésemos.
Al igual que Lea, podemos centrarnos en lo que nos falta y ser desgraciados. O, también como Lea, podemos decidir centrarnos en lo que tenemos y disponernos a decir: «Esta vez alabaré a Jehová». ¿Cómo podemos vivir con un esposo que no nos ama? Cambiando el centro de atención. En el proceso, no sólo te rminaremos exclamando, junto con Lea: «¡Dichosa de mí!», sino que tal vez un día descubramos que Dios ha obrado un milagro a través de nuestra tristeza, bend iciendo al mundo a través de nosotras.
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