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sábado, 16 de mayo de 2015

Dina



Dina

Dina, ‘juicio’ o ‘juzgada’

Hija de Jacob y de Lea (Gn. 30.21; 46.15).

Cuando Jacob se encontraba acampando cerca de Siquem, Dina fue a visitar a las mujeres de la localidad (Gn. 34) ; pero Siquem, hijo de Hamor, príncipe heveo de Siquem, se sintió atraído por ella y, aparentemente, la violó, después de lo cual la pidió en matrimonio a Jacob.

Pero los hijos de Jacob estaban indignados y exigieron que los siquemitas se circuncidasen antes de que pudiera aceptarse el matrimonio. Luego Simeón y Leví (evidentemente en compañía de sus seguidores) tomaron desprevenidos a los heveos y los mataron a traición. Jacob desaprobó (Gn. 34.30) y denunció (Gn. 49.5–7) este hecho considera que la narración de tristes incidentes de este tipo en los que participaban mujeres es señal de épocas primitivas (presalomónicas).

Abigail



Abigail 

Abigail ‘mi padre es gozo’.

1. La mujer de Nabal carmelita o calebita (hombre rústico y acaudalado que vivía en Maón ofrecía un marcado contraste con él como persona. Comprendió que el velado insulto de su marido al negarse a darle presentes a los hombres de David, en la época de la esquila, hacía peligrar toda su casa, y por ello, bajo su propia responsabilidad, tomó obsequios, consistentes en pan, vino, ovejas, cereales, pasas e higos, y salió al encuentro de David cuando éste estaba planeando un ataque, impidiendo así el derramamiento de sangre. La sabiduría, hermosura y dignidad de la mujer impresionaron a David, por lo que bendijo a Dios. Cuando ella contó a Nabal lo que había hecho, éste comprendió el grave peligro que habían corrido, y, como consecuencia del susto, tuvo un ataque apoplético y murió, por mano de Dios. Luego David se casó con ella, y de este modo ella adquirió una posición social nueva y un cuantioso patrimonio. Con Ahinoam jezreelita Abigail compartió la vida de David en Gat. Fueron capturadas por los amalecitas cerca de Siclag, y luego rescatadas (1 S. 30.18). Fue madre de Quileab (2 S. 3.3), o Daniel (1 Cr. 3.1), el segundo hijo de David.

2. La mujer de Itra (2 S. 17.25) o Jeter (1 Cr. 2.17; 1 R. 2.5) ismaelita—términos fácilmente confundibles en hebreo—y madre de Amasa. Era hija de Nahas (2 S. 17.25) o Isaí (1 Cr. 2.13–16). Los críticos modernos descartan el nombre Nahas como error de escribiente.

Sara , Sarai , Saray


Sara, Sarai, Saray

Saray (hebreo ‘princesa’).

Esposa principal de Abram, y también hermanastra por parte de su padre Taré (Gn. 20.12). Lo acompañó de Ur de los caldeos, pasando por Harán, a la tierra de Canaán. A causa del hambre se dirigieron a Egipto, y como Abram temió que su extraordinaria belleza hiciera peligrar la vida de él la hizo pasar por su hermana. Faraón se sintió atraído por ella y la llevó a su harén. Cuando sospecho la verdad Abram y su mujer tuvieron que irse de allí (Gn. 12).

Se hizo pasar por hermana de Abraham en otra ocasión, en la corte de Abimelec, rey de Gerar, de acuerdo con las instrucciones de su esposo: "Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es" (Gn. 20.13), palabras que superen una línea de conducta permanente. Este incidente aumentó aun más la fortuna de Abraham, por los presentes que recibió como compensación como esposo agraviado (Gn. 20.14).

Su esterilidad fue motivo de constante reproche para Sarai, quien entregó su sierva, la egipcia Agar, a su esposo para que la tomara como concubina. El embarazo de Agar hizo nacer sus celos, y la maltrató de tal forma que Agar huyó durante un tiempo. A su regreso nació Ismael (Gn. 16).

A la edad de noventa años se le cambió el nombre por el de Sara, y el de su esposo de Abram por Abraham. Yahvéh la bendijo, y le dijo que tendría un hijo, y que ella se convertiría en madre de naciones" (Gn. 17).

Cuando a Abraham le fue concedida una teofanía, le pidió a Sara que hiciera panes para los visitantes divinos. Ella oyó la profecía acerca de su hijo y se rio; luego, temerosa, negó haberse reído, con las palabras "¿Hay para Dios alguna cosa difícil?" (Gn. 18.14). Con el nacimiento de Isaac cesó el reproche de Sara. La irritó tanto la burla de Ismael en la fiesta de celebración del destete de Isaac, que pidió la expulsión de Agar y su hijo (Gn. 21).

Murió en Quiriat-arba a la edad de 127 años y fue sepultada en la cueva de la heredad de Macpela (Gn. 23.1ss) ( Hebrón).

Is. 51.2 nombra a Sara como ejemplo de confianza en Yahvéh. En el Nuevo Testamento Pablo menciona a Abraham y Sara entre aquellos a quienes la fe les fue contada por justicia (Ro. 4.19), y menciona a Sara como la madre de los hijos de la promesa (Ro. 9.9). El autor de la Epístola a los Hebreos incluye a Sara en las listas de los fieles (11.11). También se la nombra como ejemplo de la correcta obediencia que una esposa debe tener hacia su marido (1 P. 3.6).

viernes, 17 de abril de 2015

Ana Abrió su Corazón a Dios



Ana orando

Le abrió su corazón a Jehová

1, 2. a) ¿Por qué no se siente feliz Ana mientras prepara el viaje? b) ¿Cómo nos puede ayudar el relato de Ana?

ANA está atareada con los preparativos del viaje, tratando de mantener la mente ocupada para no pensar en sus problemas. Elqaná, su esposo, tiene por costumbre llevar cada año a toda la familia a adorar a Dios en Siló, donde está el tabernáculo. Supuestamente, estas ocasiones deberían ser motivo de alegría. De hecho, Jehová espera que todos estén felices (lea Deuteronomio 16:15). Y, sin duda, ella las ha disfrutado desde pequeña. Pero las cosas han cambiado en los últimos años.

2 Sí, es cierto, Elqaná la ama, y eso es una bendición. Pero él tiene también otra esposa: Peniná, quien por lo visto está empeñada en hacerle la vida imposible a Ana. Tanto es así que incluso ha convertido estos viajes anuales a Siló en una tortura. ¿Cómo lo logra? Y más importante aún, ¿cómo consigue Ana, con la ayuda de su fe, afrontar lo que parece una situación insoportable? Si usted está pasando por problemas que lo desgastan y le roban la alegría de vivir, la historia de Ana le resultará muy animadora.

“¿Por qué lloras [...] y por qué se siente mal tu corazón?”

3, 4. ¿A qué dos problemas se enfrenta Ana, y por qué son tan difíciles de soportar?

3 La Biblia nos revela dos grandes problemas en la vida de Ana. Sobre el primero tiene poco control, y sobre el segundo, absolutamente ninguno. El primero es que forma parte de un matrimonio polígamo y tiene que soportar el odio de la otra esposa. El segundo es que no puede tener hijos. Esto de por sí es muy frustrante para cualquier mujer que anhele ser madre. Pero en los días y la cultura de Ana, ser estéril era fuente de amargo dolor, pues los hijos permitían que el nombre de la familia no se perdiera. Por eso, la esterilidad se consideraba un motivo de gran deshonra y vergüenza.

4 A Ana se le haría más fácil sobrellevar su dolor si no fuera por Peniná. Es evidente que la poligamia no puede crear un buen ambiente en ninguna familia. Las competencias, las peleas y los disgustos son el pan de cada día. Y no es de extrañar, pues esta costumbre no tiene nada que ver con la norma que Dios estableció en el jardín de Edén para el matrimonio: la monogamia (Gén. 2:24). El cuadro que pinta la Biblia de la poligamia está siempre cargado de amargura, y la triste historia de esta familia lo confirma.

5. ¿Por qué quiere Peniná hacer sufrir a Ana, y cómo lo hace?

5 En realidad, Elqaná quiere más a Ana. Según cuenta la tradición judía, ya llevaban algunos años casados cuando llegó Peniná. Sea esto cierto o no, lo que sí está claro es que, cegada por los celos, Peniná encuentra mil formas de hacer sufrir a su rival. Su gran ventaja son los hijos. Ha tenido uno tras otro, y su arrogancia crece con cada niño que trae al mundo. En vez de compadecerse de Ana y consolarla, Peniná aprovecha para hurgar más en la herida. La Biblia dice que la irrita con el único fin de “hacer que se [sienta] desconcertada” (1 Sam. 1:6). Sus actos son deliberados: quiere lastimar a su rival, y no hay duda de que lo logra. Ana llora, y Peniná, rodeada por sus hijos, la mira con arrogancia

Ana se sentía angustiada por no tener hijos, y Peniná hacía lo imposible por amargarle la vida

6, 7. a) A pesar de los intentos de Elqaná de consolar a Ana, ¿qué razón podría tener ella para no contarle todo lo que le pasa? b) ¿Era Ana estéril porque Dios la estaba castigando? Explique su respuesta. (Vea la nota.)

6 Año tras año, el viaje al tabernáculo de Siló presenta una oportunidad ideal para que Peniná haga sufrir a Ana. ¿Cómo? Lo que suele ocurrir es lo siguiente: Elqaná le da una porción de los sacrificios ofrecidos a Jehová a cada uno de los muchos hijos de Peniná, “a todos los hijos e hijas de ella”. Pero a Ana no le da más que una porción: para ella sola. Peniná entonces aprovecha para recordarle su esterilidad con tanta malicia que la pobre Ana se echa a llorar y hasta pierde el apetito. Elqaná, obviamente, se da cuenta de que su amada esposa está muy angustiada y no quiere comer, así que intenta consolarla. Le dice: “Ana, ¿por qué lloras, y por qué no comes, y por qué se siente mal tu corazón? ¿No soy yo mejor para ti que diez hijos?” (1 Sam. 1:4-8).

7 Un punto a favor de Elqaná es que se da cuenta de que la tristeza de Ana tiene que ver con su infertilidad, y ella de seguro valora sus muestras de cariño. * Pero Elqaná no menciona la malicia de Peniná, y el registro tampoco indica que Ana le haya hablado del asunto. Tal vez ella considera que hacerlo solo empeoraría las cosas. ¿Realmente podría su esposo cambiar la situación? Además, si hablara con él del problema, ¿no avivaría eso el odio de Peniná, así como el de sus hijos y sirvientes? Probablemente, lo único que conseguiría es sentirse cada vez más aislada y sola en su propio hogar.

Ante el trato tan cruel que recibía en su casa, Ana acudió a Jehová

8. Cuando nos tratan con maldad, ¿por qué nos consuela recordar que Jehová es un Dios de justicia?

8 No sabemos si Elqaná estaba enterado de la crueldad de Peniná hacia Ana. Pero una cosa es cierta: Jehová sí lo sabía todo. De hecho, el relato prueba que a Jehová no se le escapa nada, lo cual es una seria advertencia para quienes, por celos y odio, se valen de actos aparentemente inofensivos para herir a los demás. Por otro lado, las personas sin malicia y pacíficas, como Ana, pueden sentirse aliviadas al recordar que el Dios de la justicia arreglará todo cuándo y cómo él lo considere mejor (lea Deuteronomio 32:4). Parece que Ana también lo sabía, porque es a Jehová a quien acudió por ayuda. “No volvió a mostrar preocupación”

9. ¿Qué nos enseña el hecho de que Ana hace el viaje a Siló a pesar de saber lo que le espera?

9 Este año, como siempre, la familia se levanta temprano para preparar el viaje. Todos están muy ocupados, hasta los más pequeños. Para llegar a Siló, tendrán que recorrer más de 30 kilómetros (20 millas) por las montañosas tierras de Efraín. * A pie, tardarán un día o dos. Ana ya sabe lo que puede esperar de Peniná, pero aun así, no se queda en casa. Con esto nos da un excelente ejemplo: nunca debemos permitir que la mala conducta de otras personas estorbe nuestra adoración a Dios. Si dejáramos que eso pasara, nos perderíamos precisamente las bendiciones que nos darían las fuerzas para aguantar.

10, 11. a) ¿Por qué se dirige Ana al tabernáculo en cuanto puede? b) ¿Cómo es la oración que Ana le hace a Jehová?

10 Después de un largo día de andar por caminos serpenteantes, la numerosa familia por fin alcanza a ver la ciudad de Siló. Allí está, sobre una colina rodeada de otras más altas. Al irse acercando, Ana de seguro piensa detenidamente en lo que le dirá a Jehová cuando le ore. Una vez que llegan, todos se sientan a comer. Pero Ana se retira del grupo tan pronto como puede y se dirige al tabernáculo de Jehová. Sentado junto a la puerta se halla el sumo sacerdote Elí. Es probable que Ana ni siquiera lo vea, pues está concentrada en lo que le dirá a Jehová. Aquí, en la casa de Dios, siente la confianza de que será oída. Aunque nadie más pueda entender su dolor, su Padre en los cielos sí puede. Está tan afligida que le resulta imposible contener las lágrimas.

11 Rompiendo en sollozos, le habla a Jehová para sus adentros. Sus labios se mueven mientras va formulando en su mente las palabras que expresan su angustia. Se toma su tiempo para desahogarse con su Padre celestial. Pero hace más que simplemente pedirle que le conceda su intenso deseo de tener un hijo. Ana no solo está interesada en lo que pueda recibir de Dios, sino también en lo que pueda darle. Así que le promete que, si tiene un hijo varón, se lo entregará para que le sirva toda su vida (1 Sam. 1:9-11).

12. ¿Qué nos enseña el ejemplo de Ana sobre cómo debemos orarle a Dios?

12 El ejemplo de Ana nos muestra cómo desea Dios que le oremos. Jehová bondadosamente nos invita a hablarle con franqueza, sin reservas, a desahogarnos con él tal como un niño lo haría con su padre que lo ama (lea Salmo 62:8 y 1 Tesalonicenses 5:17). El apóstol Pedro escribió por inspiración estas consoladoras palabras relacionadas con la oración a Jehová: “Ech[e]n sobre él toda su inquietud, porque él se interesa por ustedes” (1 Ped. 5:7).

13, 14. a) ¿A qué conclusión apresurada llega Elí, y por qué? b) ¿Qué ejemplo de fe nos da Ana por la manera en que reacciona cuando Elí la acusa?

13 Lamentablemente, los seres humanos no somos tan comprensivos como Jehová. Mientras Ana ora con lágrimas en los ojos, una voz la interrumpe. Es Elí, el sumo sacerdote, quien la ha estado observando. “¿Hasta cuándo te portarás como una borracha? Aparta tu vino de ti”, le dice. Elí ha visto cómo le tiemblan los labios a Ana, sus sollozos, su agitación. Pero en vez de preguntarle qué le pasa, se apresura a concluir que está borracha (1 Sam. 1:12-14).

14 ¡Qué doloroso debe ser para Ana que, en estos momentos de angustia, la acusen de algo así! Y para colmo, el que la acusa es nada menos que el sumo sacerdote. Con todo, Ana nos vuelve a dar un precioso ejemplo de fe. No permite que las imperfecciones de ningún hombre se interpongan en su adoración a Jehová. Le contesta a Elí con respeto y le explica su situación. Elí, quizás un tanto avergonzado, responde en un tono más suave: “Ve en paz, y que el Dios de Israel conceda tu petición que le has pedido” (1 Sam. 1:15-17).

15, 16. a) ¿Cómo se sintió Ana después de abrirle su corazón a Jehová y adorarlo en el tabernáculo? b) ¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Ana cuando estamos desanimados?

15 ¿Cómo se sintió Ana después de abrirle su corazón a Jehová y adorarlo en el tabernáculo? El relato indica que “procedió a irse por su camino y a comer, y su rostro no volvió a mostrar preocupación por su propia situación” (1 Sam. 1:18). En este pasaje, otra versión de la Biblia dice: “Su rostro ya no estaba triste” (Diego Ascunce). Ana se sintió aliviada. Había colocado el peso de su carga emocional sobre unos hombros infinitamente más anchos y fuertes que los suyos: los de su Padre celestial (lea Salmo 55:22). ¿Acaso puede haber algún problema demasiado grande para él? Jamás... ¡ni entonces, ni ahora, ni nunca!

16 Cuando nos sintamos abrumados o desanimados, sigamos el ejemplo de Ana y hablemos abiertamente con Jehová, a quien la Biblia llama “Oidor de la oración” (Sal. 65:2). Si lo hacemos con fe, veremos que nuestra tristeza se transforma en “la paz de Dios que supera a todo pensamiento” (Filip. 4:6, 7). “No hay roca como nuestro Dios”

17, 18. a) ¿Cómo demuestra Elqaná que está de acuerdo con el voto de Ana? b) ¿De qué se da cuenta Peniná?

17 A la mañana siguiente, Ana vuelve al tabernáculo con Elqaná. Sin duda, le ha contado lo que le pidió a Jehová y la promesa que le hizo, ya que la Ley mosaica establece que el esposo tiene el derecho de anular un voto que la esposa haga sin su consentimiento (Núm. 30:10-15). Pero este hombre fiel no lo anula, sino que, junto con Ana, adora a Jehová en el tabernáculo antes de volver a casa.

18 En algún momento, Peniná debió darse cuenta de que ya no tenía el poder de hacer sufrir a Ana. El relato no aclara cuándo ocurrió esto, pero la expresión “no volvió a mostrar preocupación” nos da a entender que el estado de ánimo de Ana mejora de ahí en adelante. En todo caso, Peniná no debió tardar mucho en notar que su crueldad ya no tenía efecto alguno en su rival. La Biblia nunca vuelve a mencionar su nombre.

19. ¿Qué bendición recibe Ana, y cómo demuestra que sabe quién se la dio?

19 Ana se siente tranquila y en paz. Entonces, unos meses después, descubre algo que la llena de alegría: ¡está embarazada! Ahora bien, no olvida que es a su Padre celestial a quien le debe esa hermosa bendición. Al nacer su hijo, lo llama Samuel, que significa “Nombre de Dios”; es evidente que se refiere a invocar el nombre divino, que es lo que ella había hecho al acudir a Jehová. Durante los siguientes tres años no se une a su esposo y al resto de la familia en el viaje a Siló, sino que se queda en casa con el pequeño hasta que deja de amamantarlo. Entretanto, va armándose de valor para el día en que tenga que separarse de su querido hijo.

20. ¿Cómo cumplen Ana y Elqaná el voto que le habían hecho a Jehová?

20 Finalmente llega el difícil momento de la despedida. Ana sabe que su niño estará bien atendido en Siló, quizás al cuidado de algunas de las mujeres que sirven allí. Pero, aun así, ¡es tan pequeño! Además, ¿a qué madre no le costaría separarse de su hijo? Con todo, ella y su esposo entregan al niño, no de mala gana, sino con gratitud. Primero ofrecen sacrificios en la casa de Dios y luego llevan a Samuel ante Elí, mencionándole el voto que Ana había hecho allí algunos años atrás. Ana, en el tabernáculo, poniéndole una vestidura sin mangas al pequeño Samuel

Tener una madre como Ana fue una verdadera bendición para Samuel

21. ¿Cómo refleja la oración de Ana su profunda fe? (Vea también el recuadro “ Dos oraciones memorables”.)

21 Entonces Ana pronuncia una oración que Dios considera digna de ser incluida en su Palabra inspirada. En cada línea del pasaje de 1 Samuel 2:1-10 percibimos la fe tan profunda de esta mujer. En su oración alaba a Jehová por cómo usa su poder de maneras maravillosas, y explica que no hay nadie como él que pueda humillar a los altivos, bendecir a los oprimidos y quitarle la vida a alguien o incluso salvarlo de la muerte. También lo alaba por su incomparable santidad, su justicia y su fidelidad. Con toda razón, Ana puede afirmar: “No hay roca como nuestro Dios”. En efecto, Jehová es totalmente confiable. En él pueden refugiarse todas aquellas personas que se sientan oprimidas y pisoteadas, y él les brindará seguridad y protección.

22, 23. a) ¿Por qué podemos estar seguros de que el joven Samuel sabía que sus padres lo amaban? b) ¿Cómo siguió bendiciendo Jehová a Ana?

22 No hay duda: el pequeño Samuel es un niño muy privilegiado al tener una madre con tanta fe. Aunque de seguro la echa de menos mientras crece, nunca se siente abandonado. Año tras año, su madre acude a Siló y le trae una vestidura sin mangas para su servicio del tabernáculo. Cada puntada que ella ha hecho en la tela es prueba del amor y cariño que siente por él (lea 1 Samuel 2:19). ¿Puede imaginarse la escena? Ahí está Ana, poniéndole la nueva prenda a su hijito, ajustándosela bien y mirándolo con ternura mientras lo anima con sus dulces palabras. ¡Qué bendición para Samuel tener una madre así! Cuando crezca, él también será una bendición para sus padres y para todo Israel.

23 En cuanto a Ana, ella recibió asimismo grandes recompensas. Dios le concedió ser madre de nuevo, y ella llegó a darle a Elqaná otros cinco hijos (1 Sam. 2:21). Además, su amistad con su Padre celestial fue fortaleciéndose con el paso de los años. Con toda probabilidad, esa fue la mayor bendición que tuvo en su vida. Y lo mismo ocurrirá en nuestro caso si imitamos la fe de esta excepcional sierva de Dios.